“La CEAMA es una buena semilla que el Espíritu del Señor hará crecer”, afirma José Luis Andrades, laico misionero de la Consolata y delegado de Venezuela ante la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), al reflexionar sobre el significado de estos cinco años de camino compartido.
Para él, esta conmemoración representa una señal esperanzadora de compromiso con el Bioma y las culturas amazónicas, y una concreción, aún embrionaria, de los sueños del Papa Francisco para la “Querida Amazonía” y del proceso sinodal vivido intensamente en 2019. “Es una semilla buena, pequeña aún, pero con potencia, que nos invita a confiar en el soplo del Espíritu”, expresa con convicción.
Una Iglesia que se renueva desde la Amazonía
Entre los logros más significativos de este primer quinquenio, Andrades destaca las Asambleas celebradas por la CEAMA como espacios profundamente enriquecedores. “Nos alientan a vivir una forma de ser Iglesia renovada, donde la participación fraterna de los distintos sectores se convierte en signo y camino de una verdadera conversión eclesial”.
Además, resalta el impulso serio y comprometido en torno al desarrollo del Rito Amazónico, considerado como una respuesta concreta al llamado de inculturar el Evangelio en las realidades de los pueblos originarios.
Aprendizajes para toda la Iglesia
“La experiencia de la CEAMA puede ser un aporte valioso para toda la Iglesia universal”, afirma el laico misionero. No solo por su apuesta por una Iglesia más articulada y participativa, sino porque parte de la escucha atenta al Espíritu y a la realidad concreta de los pueblos. Este doble movimiento de discernimiento y compromiso, según Andrades, constituye una riqueza pastoral que merece ser compartida.
Lecciones desde el territorio
Tras cinco años de andadura, también emergen aprendizajes institucionales y pastorales: la importancia de la constancia, la articulación y la conversión pastoral como condiciones necesarias para una verdadera misión en clave sinodal. “El entusiasmo inicial se va transformando en pasos concretos —señala— y el compromiso se traduce en estructuras y procesos que hacen posible una Iglesia más fiel al Evangelio encarnado”.
Sinodalidad: mirar la realidad juntos
Finalmente, Andrades subraya que uno de los frutos más palpables ha sido la vivencia profunda de la sinodalidad: “Se ha hecho un esfuerzo serio por mirar la realidad juntos. La CEAMA ha sido espacio para construir una nueva forma de gobernanza eclesial, con la participación de todos, caminando realmente como Pueblo de Dios”.
En este quinto aniversario, la CEAMA no solo celebra el tiempo recorrido, sino que reafirma su misión: ser expresión viva de una Iglesia con rostro amazónico, misionero, profético y sinodal.