Una reflexión profética desde el territorio y la vida de las mujeres
En la Revista CLAR – Edición Especial 2026: Ministerialidad de la Mujer en la Iglesia, la Hna. Laura Vicuña Pereira —religiosa indígena del pueblo Kariri de Brasil y vicepresidenta de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA)— propone una reflexión valiente y profundamente enraizada en la realidad amazónica: la restauración del diaconado femenino como reconocimiento institucional de una diaconía ya vivida por las mujeres en la Iglesia.
Su artículo, titulado “Nuevas sendas: ‘diáconas’ para la Amazonía”, es un texto que brota del territorio, de la experiencia pastoral concreta y del clamor de comunidades que, durante décadas, han sido sostenidas por mujeres en ausencia prolongada de ministros ordenados.
La Amazonía: esplendor, herida y fuerza femenina
La Hna. Laura comienza describiendo la Amazonía como un territorio que “se muestra al mundo con todo su esplendor, dramas y misterios”, evocando el horizonte del Sínodo amazónico. Se trata de una región presente en nueve países, marcada por una inmensa biodiversidad y una de las mayores socio-diversidades del planeta, con más de 390 pueblos originarios.
El agua aparece como imagen central:
“El río Amazonas es como una arteria del continente y del mundo, fluye como venas de la flora y la fauna del territorio, como fuente de sus pueblos, de sus culturas y de sus expresiones espirituales”.
Sin embargo, esta riqueza está amenazada por un modelo económico depredador que vulnera sistemáticamente los derechos territoriales, culturales y espirituales de los pueblos. La Amazonía, afirma, es también imagen simbólica de mujer: vida fecunda, vientre sagrado del Creador, pero al mismo tiempo cuerpo herido por la explotación y el desplazamiento forzado.
Mujeres que han sostenido la Iglesia
Uno de los aportes centrales del artículo es el reconocimiento histórico del papel de las mujeres en la vida eclesial amazónica. En muchas comunidades, la fe ha sobrevivido durante décadas sin presencia sacerdotal estable.
Citando Querida Amazonia (QA 99), recuerda:
“Durante siglos, las mujeres han mantenido en pie a la Iglesia en estos lugares con admirable dedicación y una fe ardiente”.
Las mujeres bautizan, catequizan, celebran la Palabra, acompañan enfermos, preparan matrimonios, consuelan en el duelo, coordinan parroquias y áreas misioneras. En muchos casos, ya ejercen funciones que son claramente diaconales.
Y se pregunta con franqueza evangélica:
“¿Cómo mantener la imparcialidad, cuando es necesario reconocer el servicio que las mujeres ya brindamos a la Iglesia?”
De la visita pastoral a la presencia pastoral
La realidad amazónica plantea desafíos estructurales: distancias geográficas extremas, comunidades aisladas, escasez de ministros ordenados y creciente presencia de iglesias fundamentalistas que ofrecen cercanía y acompañamiento constante.
En este contexto, la autora afirma que es urgente pasar de una “pastoral de visita” a una “pastoral de presencia”. No se trata solo de reorganizar estrategias, sino de “encarnar el Evangelio y también las estructuras de la Iglesia”, en sintonía con el espíritu del Sínodo de la Amazonía.
La restauración del diaconado femenino se presenta, entonces, no como una reivindicación ideológica, sino como una respuesta pastoral concreta a necesidades reales.
Diaconía y justicia socioambiental
Para la Hna. Laura, hablar de diaconado femenino en la Amazonía es hablar de justicia socioambiental. Las mujeres están en la primera línea de defensa del territorio, del agua y de los derechos humanos.
“Nosotras, las mujeres estamos en frentes de vanguardia… al servicio de la defensa de la vida, la tierra y los derechos, como condición fundamental para el anuncio del Evangelio”.
El diaconado femenino sería entendido como servicio integral: pastoral, educativo, sanitario, cultural y socioambiental. No reemplaza la necesidad de ministros ordenados, sino que reconoce institucionalmente una misión ya ejercida en virtud de la unción bautismal y de la acción del Espíritu.
Sinodalidad y conversión eclesial
La autora inscribe su reflexión en el horizonte de una Iglesia sinodal y ministerial. Retoma el llamado del Papa Francisco a estructuras más misioneras y menos autorreferenciales, y recuerda que la Constitución Apostólica Predicate Evangelium afirma que las estructuras deben estar al servicio de la pastoral.
En ese marco, plantea una pregunta decisiva:
“Si la palabra diaconado tiene sus raíces en diaconía, que es servicio, ¿por qué no atrevernos a dar pasos más decididos y valientes hacia un reconocimiento institucional del carisma que el Espíritu suscita ya en las Iglesias?”
Se trata de una conversión eclesial que permita no hacer distinción excluyente entre mujeres y hombres en el acceso al ministerio diaconal, sino reconocer la diversidad de carismas en comunión.
Audacia en la Ruah Divina
El texto concluye con una invitación a la esperanza activa:
“Para vinos nuevos necesitamos odres nuevos… tengamos audacia en la Ruah Divina y no tengamos miedo de acoger las novedades del Espíritu”.
Desde la Amazonía latinoamericana, la Hna. Laura Vicuña ofrece una voz profética que brota de la experiencia concreta de las comunidades. Su propuesta no es teórica ni distante; es la expresión de una Iglesia que vive en los ríos, en el bosque, en las periferias geográficas y existenciales.
La CEAMA acoge esta reflexión como parte del discernimiento eclesial en curso. Reconocer el ministerio diaconal de las mujeres sería un signo de fidelidad al Espíritu que sigue suscitando carismas en el Pueblo de Dios y un paso coherente hacia una Iglesia más sinodal, más inculturada y más comprometida con la justicia socioambiental.
En la Amazonía, las mujeres no solo sostienen la Iglesia: la animan, la encarnan y la proyectan hacia nuevas sendas de misión.