En Jauru, Mato Grosso (Brasil), miles de fieles participaron en la beatificación del misionero Nazareno Lanciotti, reconocido como mártir de la fe, de la caridad y de la misión.
Por Julio Caldeira IMC / REPAM
La Iglesia Católica vivió este sábado uno de los momentos más significativos de su historia en Brasil. En una solemne celebración realizada en Jauru (Mato Grosso), en la confluencia de los biomas Amazónico, Pantanal y Cerrado, el sacerdote misionero Nazareno Lanciotti fue proclamado oficialmente Beato, reconocido por la Iglesia como mártir de la fe y testigo ejemplar de la caridad cristiana.
Miles de fieles provenientes de diversas regiones de Brasil, de Italia y de otros países participaron en la celebración, presidida por el cardenal Dom João Braz de Aviz, delegado del Papa León XIV para la beatificación. Obispos, presbíteros, religiosos, autoridades civiles y peregrinos colmaron el espacio preparado para la ceremonia, considerada un hito para la Iglesia en Mato Grosso, que recibe a su primer beato oficialmente reconocido.
La beatificación tiene lugar después del reconocimiento del martirio del Padre Nazareno, aprobado por el Papa Francisco el 14 de abril de 2025. El presbítero fue asesinado en 2001 debido a su compromiso evangélico en la defensa de los pobres, la justicia y la dignidad humana.
Una vida entregada al Evangelio
Nacido en Roma el 3 de marzo de 1940, Nazareno Lanciotti fue ordenado sacerdote en 1966. Tras conocer la Operación Mato Grosso, llegó a Brasil en 1971 y se estableció en Jauru, en la frontera entre Brasil y Bolivia.
Durante casi tres décadas de misión, fundó la Parroquia Nuestra Señora del Pilar, creó 57 comunidades eclesiales rurales, promovió la adoración eucarística diaria, impulsó obras sociales, escuelas, un seminario menor, un hogar para ancianos y un dispensario que se convirtió en referencia de atención médica en la región.
Su dedicación a los más pobres estuvo acompañada por una firme denuncia de las injusticias sociales, el narcotráfico y la explotación de menores. Este compromiso se convirtió en motivo de persecución. En la noche del 11 de febrero de 2001, dos hombres encapuchados irrumpieron en su residencia parroquial y dispararon contra el sacerdote. Tras once días de sufrimiento, el Padre Nazareno falleció el 22 de febrero de 2001, a los 61 años, ofreciendo su vida por la Iglesia y por el pueblo al que servía.
“Lo dejó todo por causa del Evangelio”
En su homilía, Dom João Braz de Aviz destacó que la beatificación es, ante todo, un acto de adoración y gratitud a Dios, que continúa suscitando testigos del Evangelio en nuestro tiempo.
“El Señor sigue mostrándonos caminos de luz que nacen del Evangelio. Esto sucede cuando los discípulos de Jesús, como el Beato Nazareno, deciden poner en práctica las enseñanzas de Cristo, creyendo profundamente en su amor”, afirmó el cardenal.
Recordando la trayectoria misionera del nuevo beato, el delegado pontificio subrayó que el Padre Nazareno fue guiado por la acción del Espíritu Santo al dejar su patria, su familia y su cultura para servir al pueblo brasileño.
“Dejó su tierra por causa del Evangelio. Vino a una región distante, aún en desarrollo, sostenido por la fuerza de la Eucaristía y por el profundo amor a la Virgen María”, destacó.
Según el cardenal, la Diócesis de São Luiz de Cáceres, la Iglesia de Mato Grosso y toda la Iglesia en Brasil se convierten ahora en custodias de un patrimonio espiritual de santidad y testimonio dejado por el nuevo Beato.
Eucaristía, María y servicio a los pobres
Dom João resaltó que toda la acción misionera del Padre Nazareno encontraba su fuente en dos pilares fundamentales: la Eucaristía y la devoción mariana.
“Fue en la presencia de Jesús Eucarístico y en el amor al Inmaculado Corazón de María donde encontró la fuerza para servir a los pobres y enfrentar las estructuras de injusticia que herían la dignidad humana”.
El cardenal recordó la lucha emprendida por el misionero contra la prostitución infantil, la explotación de menores y el narcotráfico en la región fronteriza.
“Su testimonio tenía raíces profundas y auténticas. Por eso permaneció fiel hasta el final”.
En la parte final de la homilía, Dom João recordó las cuatro columnas de la Iglesia primitiva descritas en los Hechos de los Apóstoles y que marcaron profundamente la vida del Beato Nazareno: la fidelidad a la Palabra de Dios, la comunión fraterna, la Eucaristía y la oración constante.
“Estas son las columnas que sostuvieron el testimonio del Beato Nazareno y que deben seguir sosteniendo la vida de la Iglesia hoy”, afirmó.
Un signo para la Iglesia de hoy
Al reflexionar sobre los desafíos del mundo contemporáneo, Dom João advirtió sobre los peligros de una cultura que tiende a excluir a Dios de la vida humana y a confiar exclusivamente en el progreso tecnológico.
“La humanidad corre el riesgo de crear nuevas formas de esclavitud y sufrimiento cuando se aleja de los valores del Evangelio”.
Inspirado en los llamados del Papa León XIV, el cardenal invitó a los fieles a trabajar por la unidad de la Iglesia, la comunión entre los diversos carismas y la construcción de la paz.
“Necesitamos reaprender el camino del diálogo, de la escucha, del respeto al otro y de la justicia. No debemos creer que la solución de los conflictos está en la acumulación de armas, sino en la capacidad de construir fraternidad”.
Un legado para la Amazonía y el mundo
La beatificación del Padre Nazareno Lanciotti representa no solo el reconocimiento de un sacerdote ejemplar, sino también la valorización de la misión evangelizadora de la Iglesia en las periferias geográficas y existenciales.
Su testimonio sigue vivo en las comunidades que fundó, en las obras sociales que promovió y en la memoria del pueblo que lo conoció.
Al final de la celebración, los fieles se unieron en oración ante la imagen y las reliquias del nuevo Beato, pidiendo su intercesión por la Iglesia, por las familias, por los misioneros y por los más pobres.
Veinticinco años después de su martirio, la voz del misionero sigue resonando en Mato Grosso, en la Amazonía y en toda la Iglesia:
“Vivir para los pobres exige un cambio total. El Señor no quiere solamente algo, lo quiere todo. No se puede amar al pueblo sin dar la vida por él. Es necesario morir a sí mismo, hacerse humilde y pobre, para comprender el corazón del pobre, predilecto de Cristo”.
(Beato Nazareno Lanciotti a amigos y familiares, 3 de octubre de 1978).
Y ahora, reconocido oficialmente entre los Beatos de la Iglesia, su testimonio resplandece como signo de esperanza para las nuevas generaciones.
¡Beato Nazareno Lanciotti, mártir de la caridad y de la misión, ruega por nosotros!
