Desde Cartagena del Chairá, Caquetá, Colombia, Irma Álvarez Barrera participa en procesos comunitarios de recuperación de semillas, reforestación y educación ambiental. En el XII Foro Social Panamazónico (FOSPA), realizado en Puyo, Ecuador, compartió los desafíos que enfrenta la Amazonía colombiana y renovó su compromiso con la defensa de la vida y el territorio.

 “Soy una sembradora de vida, recuperadora de semillas”. Así se presenta Irma Álvarez Barrera, integrante de procesos comunitarios acompañados por la pastoral social en el territorio de Cartagena del Chairá, Caquetá, Colombia. Su testimonio, compartido durante el XII Foro Social Panamazónico (FOSPA), revela cómo la defensa de la Amazonía comienza muchas veces con gestos sencillos: recuperar una semilla, sembrar un árbol, cuidar el agua o enseñar a un niño a proteger la naturaleza.

Álvarez participa en procesos vinculados a FUNVIPAS, Fundación del Vicariato Apostólico de San Vicente del Caguán para la Pastoral Social, desde donde acompaña iniciativas comunitarias orientadas al cuidado de la casa común, la educación ambiental y el fortalecimiento de las comunidades.

Uno de los ejes de su trabajo es la recuperación de semillas junto a las familias y, especialmente, con los niños. El proceso busca enseñarles a reconocer una semilla, cuidarla, hacerla germinar y finalmente llevarla a la tierra. A esta labor se suman acciones de reciclaje, ahorro de agua y energía, reforestación y promoción de prácticas que contribuyan a proteger los ecosistemas.

Una Amazonía amenazada por la deforestación

Durante la entrevista realizada en el marco del FOSPA, Irma señaló que uno de los principales desafíos que enfrenta Cartagena del Chairá es la deforestación, asociada principalmente a la expansión de la ganadería y de cultivos.

“Deforestan tremendamente y uno pone su granito de arena, pero a ratos no es suficiente”, explicó, al referirse a las dificultades que encuentran las comunidades para desarrollar procesos de reforestación en determinados lugares.

Su propia experiencia evidencia la complejidad de esta realidad. Recordó que, años atrás, una iniciativa comunitaria buscó establecer un “túnel ecológico” mediante la siembra de árboles. Sin embargo, el proyecto encontró obstáculos para acceder al territorio y, posteriormente, algunos de los árboles plantados fueron destruidos.

Frente a estas situaciones, Álvarez insiste en que la defensa de la Amazonía requiere perseverancia, organización comunitaria y conciencia ambiental. Para ella, cada semilla representa también una posibilidad de futuro.

“No estoy sola”

Uno de los aprendizajes que Irma se lleva del FOSPA es precisamente la certeza de que las personas y comunidades que defienden la Amazonía no están aisladas.

El encuentro con representantes de diferentes pueblos, organizaciones y países amazónicos le permitió reconocer que existen muchas personas comprometidas con el cuidado del territorio, incluso cuando sus esfuerzos no siempre son visibles.

“Es saber que no estoy sola”, afirmó. Para ella, resulta especialmente significativo encontrar personas interesadas en conocer las semillas, preguntar cómo se siembran, dónde pueden plantarse y qué especies son propias de cada territorio.

El FOSPA se convirtió así en un espacio para compartir experiencias y fortalecer una convicción que atraviesa su trabajo cotidiano: cuidar la Amazonía es una tarea colectiva que necesita de todos sus pueblos y comunidades.

Una Iglesia cercana a las comunidades

Desde su experiencia en Caquetá, Irma también destacó el acompañamiento de la Iglesia católica a las comunidades rurales. Señaló que, a través de las redes pastorales presentes en las veredas y en los centros poblados, se impulsan procesos con mujeres, viveros, huertas comunitarias y actividades de educación ambiental.

El reciclaje se convierte también en una herramienta para fortalecer las capacidades de las comunidades y generar alternativas creativas para el cuidado del territorio.

Para Álvarez, este acompañamiento es fundamental en una región donde la defensa de la naturaleza está estrechamente vinculada con la vida cotidiana de las familias.

Entre los desafíos que identifica para continuar este camino destaca especialmente la protección de las fuentes de agua y de la fauna, frente a prácticas como el tráfico de especies y la explotación de los recursos naturales.

“Sin agua no hay vida”

Al finalizar su participación en el FOSPA, Irma Álvarez dejó un mensaje dirigido a los pueblos de toda la Amazonía: cuidar el territorio es cuidar la vida.

“Que la cuidemos porque es lo más hermoso que tenemos aquí en Sudamérica. Que cuidemos nuestras fuentes hídricas, que sin agua no hay vida”, expresó.

Su voz, nacida desde las comunidades de Cartagena del Chairá, se suma así a las múltiples voces escuchadas en Puyo durante el XII FOSPA. Voces que recuerdan que la defensa de la Amazonía no se construye únicamente desde los grandes espacios de decisión, sino también desde las comunidades, las familias, las mujeres, los niños y quienes, como Irma, cada día recuperan una semilla y la confían nuevamente a la tierra.

Porque sembrar un árbol también es sembrar esperanza; recuperar una semilla es recuperar memoria; y cuidar el agua es defender el futuro de la Amazonía.

La Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA) continúa acompañando y visibilizando estas voces de los territorios amazónicos, convencida de que escuchar a quienes habitan y defienden la Amazonía es también una forma de caminar juntos en el cuidado de la casa común.