Del 18 al 20 de septiembre se realizó en la ciudad de Tabatinga, Amazonas (Brasil), el Seminario de Enfrentamiento a la Trata de Personas de la Triple Frontera Colombia–Perú–Brasil, un espacio de formación, reflexión y articulación que reunió a representantes de comunidades indígenas, organizaciones sociales y eclesiales, movimientos y otros actores comprometidos con la defensa de la vida y la dignidad humana.
El encuentro contó con la participación de personas vinculadas a las tres Iglesias locales presentes en este territorio transfronterizo: el Vicariato Apostólico San José del Amazonas (Perú), el Vicariato Apostólico de Leticia (Colombia) y la Diócesis de Tabatinga (Brasil). Las hermanas Ana María Vilca y Rosario Casas, de la Red Kawsay, y Silvia, de la Red Bartolomé de las Casas, ambas del Perú, acompañaron el proceso como asesoras.
Una realidad que interpela a la Triple Frontera
Durante el seminario se abordaron las principales modalidades y finalidades de la trata de personas en la actualidad, entre ellas la explotación laboral y sexual, la venta de órganos, la adopción ilegal, el matrimonio forzado y la mendicidad forzada.
La reflexión partió de conceptos y definiciones fundamentales para comprender esta problemática y avanzó hacia el análisis de casos reales compartidos por los participantes desde sus propias comunidades y territorios. Estos testimonios permitieron reconocer que la trata de personas constituye una realidad presente en la Triple Frontera y que requiere respuestas articuladas entre los tres países.
Uno de los aspectos destacados fue el uso de redes sociales y aplicaciones de mensajería como herramientas de captación, especialmente frente a las situaciones de vulnerabilidad que afectan a niñas, niños, adolescentes, jóvenes y mujeres.
Los participantes también identificaron diversos factores que pueden incrementar estas situaciones de riesgo, como la pobreza, el desempleo, la falta de oportunidades, las brechas educativas y digitales, el consumo de alcohol y drogas y las dificultades de acceso a mecanismos efectivos de protección.
Estas condiciones afectan particularmente a comunidades indígenas, ribereñas y sectores urbanos de la región, haciendo necesario fortalecer la prevención, la formación y las redes de acompañamiento en los propios territorios.
Fortalecer la articulación entre Colombia, Perú y Brasil
El seminario permitió generar un espacio de participación activa, intercambio de experiencias y construcción colectiva de propuestas. A partir de las realidades compartidas, los participantes plantearon la necesidad de fortalecer las capacidades de las comunidades y organizaciones locales para identificar situaciones de riesgo y activar oportunamente las rutas de protección y atención.
Uno de los principales compromisos asumidos es consolidar redes de articulación entre Colombia, Perú y Brasil, involucrando a autoridades, comunidades indígenas, organizaciones sociales y eclesiales y otros actores del territorio.
Asimismo, se propuso impulsar procesos de formación dirigidos a familias, jóvenes, líderes comunitarios y agentes pastorales, con especial atención a los riesgos asociados al entorno digital y a las nuevas formas de captación.
El encuentro también llamó a generar espacios seguros y oportunidades para niñas, niños, adolescentes y jóvenes, así como a fortalecer los mecanismos de protección y las rutas de atención en las comunidades indígenas y organizaciones locales.
“Prevenir la trata es cuidar la vida”
Como resultado del encuentro, los participantes suscribieron un Pronunciamiento del Seminario de Enfrentamiento a la Trata de Personas de la Triple Frontera Colombia–Perú–Brasil, mediante el cual reafirmaron su compromiso con la defensa de la vida, la dignidad y los derechos humanos.
El documento hace un llamado a las autoridades de los tres países a fortalecer su presencia, recursos y servicios de protección en la Triple Frontera, promoviendo una respuesta coordinada y efectiva frente a esta problemática.
Desde este territorio amazónico, el compromiso expresado por los participantes se resume en una convicción compartida: “Prevenir la trata es cuidar la vida. Proteger es actuar a tiempo”.
La Iglesia y las organizaciones presentes en la Triple Frontera reafirman así su compromiso de seguir acompañando a las comunidades mediante la formación, la prevención, la protección y el cuidado, sumando esfuerzos para construir territorios donde cada persona pueda vivir con dignidad y seguridad.
“Juntos somos más fuertes”, concluyeron los participantes.
