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El Vicariato Apostólico de Tucupita impulsa una Iglesia sinodal, misionera e inculturada rumbo a su 75 aniversario

Del 8 al 11 de octubre, el Vicariato Apostólico de Tucupita, en Venezuela, celebró su XV Asamblea Vicarial de Pastoral, un espacio de encuentro, escucha y discernimiento que reunió a cerca de 70 representantes de las comunidades eclesiales del Delta Amacuro. La Asamblea buscó revitalizar el Proyecto de Pastoral del Vicariato, fortalecer la sinodalidad y renovar el compromiso evangelizador junto al pueblo Warao, en el horizonte de la celebración de los 75 años de esta Iglesia local, en 2029.

Bajo el lema «Hago nuevas todas las cosas. Remando juntos en la Misión» (Is 43,19; Ap 21,5), la Asamblea se desarrolló en el auditorio Mons. Felipe González, en la Residencia Episcopal de Tucupita, con la participación de sacerdotes, religiosas, religiosos, misioneros, catequistas y laicos provenientes de las distintas parroquias y zonas pastorales del territorio.

El encuentro se enmarca en el proceso de preparación hacia el Jubileo de los 75 años del Vicariato Apostólico de Tucupita, que contempla un trienio pastoral de preparación entre 2026 y 2029. Este camino busca renovar la vida eclesial a partir de los desafíos sociales, ecológicos, culturales y misioneros de la región, en sintonía con el llamado a la sinodalidad y las orientaciones de la exhortación apostólica Querida Amazonía.

Escuchar a las comunidades para renovar la misión

Uno de los ejes centrales de la Asamblea fue la reflexión sobre los resultados de una consulta realizada en las comunidades parroquiales, cuyo propósito fue identificar los principales desafíos y las prioridades para impulsar una nueva evangelización en el Delta Amacuro.

A partir de este proceso de escucha, se identificaron ocho ámbitos fundamentales para la renovación pastoral: la inculturación y el diálogo intercultural, especialmente con el pueblo Warao; la ministerialidad y el protagonismo de los laicos; la formación permanente en la fe; la caridad y la misericordia; la renovación de los métodos evangelizadores y la cultura digital; la sinodalidad; la ecología integral; y el acompañamiento de los jóvenes y las familias.

Estas prioridades expresan el deseo de construir una Iglesia cercana a las comunidades, capaz de escuchar sus necesidades y acompañar sus realidades, especialmente en los territorios más alejados del Delta.

La Asamblea también permitió reflexionar sobre la necesidad de fortalecer la formación bíblica y pastoral de los agentes de evangelización, promover el protagonismo de los laicos, consolidar los consejos pastorales y económicos, y generar nuevas formas de organización que favorezcan la corresponsabilidad de todos los bautizados.

El pueblo Warao, protagonista de una Iglesia con rostro amazónico

La inculturación de la fe y el diálogo intercultural ocuparon un lugar destacado en las reflexiones, con especial atención a la relación de la Iglesia con el pueblo Warao, sus lenguas, su cosmovisión y sus tradiciones ancestrales.

Entre las propuestas planteadas se encuentra la incorporación de los saberes de los ancianos, los relatos tradicionales, los cantos y los símbolos culturales en los procesos de catequesis y celebración de la fe. También se destacó la importancia de profundizar en el uso del idioma warao en las oraciones, los materiales pastorales y las celebraciones litúrgicas, de modo que el Evangelio pueda expresarse desde la identidad y la experiencia de las comunidades.

Asimismo, se subrayó la necesidad de formar líderes y animadores pastorales indígenas que asuman un papel activo en la vida de sus comunidades, fortaleciendo su participación en los ministerios y en los procesos de discernimiento eclesial.

Estas propuestas parten de una convicción fundamental: los pueblos indígenas no son solamente destinatarios de la evangelización, sino protagonistas de la vida y la misión de la Iglesia. Su sabiduría, espiritualidad y experiencia comunitaria son esenciales para construir una Iglesia verdaderamente encarnada en la realidad amazónica.

Del discernimiento a los compromisos pastorales

Durante la Asamblea, los participantes trabajaron en la identificación de acciones concretas para fortalecer la vida de las comunidades cristianas, las parroquias y el conjunto del Vicariato.

Entre las prioridades se encuentran la creación de espacios permanentes de formación para catequistas y animadores, el acompañamiento cercano a las familias y las personas en situación de vulnerabilidad, el fortalecimiento de las comunidades eclesiales de base y la conformación de equipos misioneros itinerantes que puedan llegar a los sectores más alejados del territorio.

También se destacó la importancia de impulsar una pastoral juvenil que responda a las realidades e intereses de las nuevas generaciones, promover la Doctrina Social de la Iglesia y fortalecer el compromiso con la justicia, la paz y el cuidado de la Casa Común.

La ecología integral constituye otro desafío fundamental para esta Iglesia local. La estrecha relación de las comunidades del Delta con los ríos y la naturaleza invita a promover una espiritualidad comprometida con la defensa de la vida, la protección del territorio y la responsabilidad compartida frente a las amenazas socioambientales.

Para orientar este proceso, la Asamblea propuso aplicar un enfoque sinodal que permita evaluar cada iniciativa pastoral desde cinco dimensiones: las necesidades concretas de las comunidades, el compromiso misionero, la corresponsabilidad bautismal, la transparencia y la conversión de las estructuras y los métodos de trabajo.

Un camino de preparación hacia el Jubileo de 2029

La XV Asamblea Vicarial se inscribe en el trienio pastoral convocado por monseñor Ernesto José Romero Rivas, vicario apostólico de Tucupita, con motivo de los 75 años de creación canónica del Vicariato, que se celebrarán en 2029.

El primer año pastoral, correspondiente al período 2026-2027, está dedicado al desafío social y ecológico, bajo el lema «Cuidar la vida, defender la Creación». Los siguientes años profundizarán en el desafío cultural e inculturado y en la consolidación de una Iglesia misionera, ministerial y corresponsable.

Este itinerario busca que la preparación jubilar trascienda las celebraciones conmemorativas y se convierta en un auténtico proceso de conversión pastoral, capaz de renovar las estructuras, fortalecer la participación comunitaria y responder a los desafíos actuales de la evangelización.

La memoria de los cien años de la Misión Divina Pastora de Araguaimujo, atendida por los Frailes Menores Capuchinos, constituye también una referencia significativa para este camino. Su historia invita a reconocer el aporte de los misioneros y de las comunidades que han sostenido la vida de fe en los caños del Delta del Orinoco, y a proyectar una misión en la que el pueblo Warao tenga cada vez mayor protagonismo.

La CEAMA acompaña el caminar de la Iglesia en el Delta Amacuro

Con motivo de esta Asamblea, la Presidencia de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA) hizo llegar un mensaje de cercanía y comunión al vicariato, reconociendo la importancia de este proceso de escucha y discernimiento para el futuro de la Iglesia amazónica.

En su mensaje, la Presidencia destacó que los cien años de la Misión Divina Pastora de Araguaimujo representan una historia de encuentros, vidas compartidas y comunidades que han mantenido viva la fe en medio de las aguas y los caños del Delta del Orinoco.

Asimismo, recordó que el pueblo Warao, con su sabiduría, sus lenguas y sus formas de habitar el territorio, es sujeto vivo de la Iglesia, y que su participación, su palabra y sus ministerios son fundamentales para que el Evangelio continúe encarnándose en la vida de las comunidades.

La CEAMA valoró especialmente los horizontes pastorales identificados durante el proceso de consulta y animó a que el centenario de la misión se convierta en el comienzo de una nueva etapa evangelizadora, en la que las comunidades sean cada vez más protagonistas de su propio caminar eclesial.

La XV Asamblea Vicarial de Pastoral reafirma así el compromiso del Vicariato Apostólico de Tucupita con una Iglesia que escucha, discierne y camina junto a sus pueblos. Un camino que, desde la riqueza cultural y espiritual del Delta Amacuro, busca renovar la misión evangelizadora, fortalecer la corresponsabilidad y cuidar la vida en todas sus dimensiones.

De cara al Jubileo de 2029, el desafío es seguir remando juntos para construir una Iglesia con rostro amazónico, profundamente arraigada en la cultura de sus pueblos y comprometida con la defensa de la vida, la justicia y el cuidado de la Casa Común.

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