El quinto número del ciclo «Espiritualidad Sinodal», publicado por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), propone una reflexión sobre la necesidad de vivir una espiritualidad encarnada, capaz de escuchar el clamor de los pueblos, cuidar la Casa Común y reconocer la presencia de Dios en la diversidad de culturas y territorios amazónicos.
«A la intemperie, con los pies descalzos por la Amazonía» es el título de esta quinta entrega, escrita por Azucena Correa Plata, religiosa Misionera de la Inmaculada Concepción, magíster en Teología y licenciada en Ciencias Sociales con énfasis en Antropología Aplicada. Su trayectoria está vinculada a espacios eclesiales como la Confederación Latinoamericana de Religiosos y Religiosas (CLAR), la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA) y la Red Itinerante Amazónica.
La reflexión parte de una invitación bíblica que ilumina todo el recorrido: «No te acerques; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada» (Ex 3,5). Desde esta perspectiva, la autora propone una espiritualidad que invita a despojarse de seguridades, esquemas tradicionales y protagonismos para acercarse con humildad a la realidad amazónica y dejarse transformar por ella.
Una espiritualidad que nace en los caminos
A partir de la experiencia de Jesús, Correa Plata presenta la espiritualidad a la intemperie como una manera de vivir la fe desde el encuentro con las personas, especialmente con quienes experimentan exclusión, sufrimiento y vulnerabilidad. La vida de Jesús, desarrollada en los caminos, junto al río, en las comunidades y en los espacios cotidianos, se convierte en referencia para una Iglesia que sale al encuentro y reconoce los signos del Reino en la vida de los pueblos.
Esta espiritualidad exige una fe con los ojos abiertos, capaz de reconocer el rostro de Dios en quienes luchan por su dignidad, justicia y paz. No se trata únicamente de anunciar el Evangelio con palabras, sino de hacerlo visible mediante gestos concretos de solidaridad, cercanía, servicio y compromiso con la vida.
Caminar descalzos: una invitación a la conversión ecológica
Uno de los ejes centrales del documento es la conversión ecológica. La autora recuerda que la misión en la Amazonía requiere comprender que todo está conectado y que el cuidado de la naturaleza es inseparable de la defensa de los derechos humanos y de los pueblos que habitan el territorio.
Caminar con los pies descalzos representa una disposición espiritual para sentir la tierra, escuchar sus heridas y reconocer el sufrimiento de las comunidades afectadas por la explotación de los recursos naturales, la violencia y el despojo territorial.
En este sentido, la espiritualidad amazónica invita a reconectar con la memoria de los pueblos originarios y con su profunda relación con los ríos, los árboles, la selva y la biodiversidad. La tierra no es solamente un espacio geográfico, sino una fuente de vida que reclama cuidado, respeto y protección.
Los pueblos originarios: lugar donde germinan las semillas del Reino
La reflexión también reconoce la riqueza espiritual de los pueblos indígenas y sus culturas. A partir de experiencias compartidas con mujeres del pueblo Murui, la autora destaca la importancia de escuchar sus historias, reconocer sus luchas y valorar sus procesos de recuperación cultural y espiritual.
En estos encuentros aparecen experiencias marcadas por la violencia, los abusos y la imposición cultural, pero también por la resistencia, la memoria y la esperanza. La recuperación de las lenguas maternas, el reconocimiento de los saberes ancestrales y la relación comunitaria con la naturaleza son elementos fundamentales para comprender la espiritualidad que habita en los territorios amazónicos.
Desde esta mirada, los pueblos originarios no son simples destinatarios de la evangelización. Son portadores de una riqueza espiritual en la que también se manifiestan las semillas del Reino de Dios. Por eso, la misión eclesial está llamada a escuchar, aprender, compartir y caminar sin atropellar la diversidad cultural.
Una Iglesia que escucha el lenguaje de la creación
Otro aspecto significativo del documento es la contemplación de la naturaleza como expresión de la presencia de Dios. El río, la selva, los árboles y toda forma de vida comunican un mensaje de comunión y esperanza.
La autora presenta especialmente al río como símbolo de vida, encuentro y conexión entre los pueblos. Su recorrido recuerda que el agua es un derecho fundamental y un bien común que necesita protección. Su clamor también es el de las comunidades que carecen de condiciones dignas para vivir.
Esta perspectiva amplía la comprensión de la misión evangelizadora: cuidar la creación, defender los territorios y trabajar por la justicia socioambiental forman parte del seguimiento de Jesús y del compromiso cristiano.
Caminar al estilo de Jesús en la Amazonía
En sus palabras finales, Azucena Correa Plata invita a vivir una espiritualidad sinodal que conduzca a recorrer la Amazonía geográfica y existencial de la mano de Jesús de Nazaret. Una espiritualidad que permita reconocer la vulnerabilidad humana, superar los protagonismos y acercarse a los demás con respeto, humildad y sensibilidad.
Esta propuesta representa también un desafío para la Iglesia con rostro amazónico: caminar junto a los pueblos, reconocer sus saberes, escuchar sus clamores y descubrir la presencia del Espíritu en cada cultura y territorio.
La invitación es a caminar con los pies descalzos, con los ojos abiertos y el corazón dispuesto, haciendo de la sinodalidad una experiencia concreta de encuentro, comunión, cuidado de la vida y esperanza para toda la Amazonía.