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Compañía de Santa Teresa de Jesús celebra 20 años de presencia, vida y misión en la Amazonía ecuatoriana

Hace 20 años, una semilla comenzó a brotar en la Amazonía ecuatoriana. El 14 de septiembre de 2006, la Compañía de Santa Teresa de Jesús inició su presencia en Sucumbíos, dando comienzo a un camino construido junto a comunidades, organizaciones sociales, agentes pastorales y personas que, durante estas dos décadas, han compartido la vida y la misión en este territorio amazónico.

Con motivo de este aniversario, la Familia Teresiana ha querido hacer memoria del camino recorrido y agradecer las experiencias, aprendizajes y vínculos que han ido dando forma a esta presencia. Bajo la inspiración de la serie audiovisual “Algo nuevo está brotando”, diferentes voces han compartido sus recuerdos y reflexiones sobre una misión que continúa generando semillas de vida y esperanza.

Una presencia que nace del encuentro

A lo largo de estos 20 años, la misión teresiana en Sucumbíos se ha desarrollado desde el encuentro con una realidad amazónica diversa, marcada por la riqueza de sus pueblos, la profundidad de su espiritualidad y también por los desafíos que afectan al territorio.

Una de las voces que participa en esta celebración expresa su gratitud por haber podido vivir “lo ordinario de una manera extraordinaria” y reconoce en Sucumbíos una experiencia que transforma a quienes llegan a este territorio.

La Amazonía, señalan los testimonios, no es solamente el lugar donde se desarrolla una misión, sino también un espacio que enseña, interpela y transforma. El contacto con las comunidades, con la naturaleza y con las situaciones que atraviesan los pueblos ha permitido descubrir nuevas maneras de comprender la fe y de vivir el compromiso con la realidad.

“En Sucumbíos he encontrado a Cristo de una manera diferente”, expresa uno de los testimonios. Una experiencia en la que la fragilidad humana, la belleza de la Amazonía y las amenazas que pesan sobre ella se convierten también en lugares donde reconocer la presencia de Dios.

Fe y compromiso con la transformación

La experiencia de estos 20 años ha estado vinculada a una comprensión de la misión que integra espiritualidad y compromiso social.

Los testimonios destacan la importancia de caminar “con los dos pies”: por un lado, junto a las organizaciones sociales y las comunidades; y, por otro, desde la fe y la mística que animan el compromiso por la transformación de la realidad.

Esta perspectiva invita a comprender la misión amazónica como un camino de liberación integral, especialmente desde y junto a las personas y comunidades que viven situaciones de mayor vulnerabilidad.

La experiencia en Sucumbíos también ha permitido profundizar en una espiritualidad latinoamericana comprometida con la vida, la justicia y la dignidad humana. Una espiritualidad que no permanece al margen de la realidad, sino que busca acompañar los procesos comunitarios y contribuir a la construcción de un mundo más justo.

Un centro de espiritualidad al servicio de las comunidades

Dentro de este camino ocupa un lugar importante el Centro de Espiritualidad, concebido también como un espacio de acogida, formación y acompañamiento.

Por sus instalaciones pasan personas que buscan atención y acompañamiento personal, pero también grupos provenientes de las comunidades, animadores y agentes de diferentes ministerios que encuentran allí un espacio para formarse y fortalecer su misión.

La experiencia responde al sueño de quienes impulsaron este espacio: ofrecer un lugar donde las propias comunidades puedan encontrar herramientas para fortalecer sus procesos y renovar su compromiso.

En este sentido, el Centro de Espiritualidad es presentado como un “oasis de formación y sanación comunitaria”, un espacio llamado a seguir aportando a la vida de las comunidades y a la misión de la Iglesia en la Amazonía.

Aprender de la Amazonía y de sus pueblos

Uno de los grandes aprendizajes expresados en los testimonios es el que surge de la vida cotidiana junto a las personas de las comunidades.

La fe sencilla, la capacidad de resistencia, la riqueza de las relaciones comunitarias y el vínculo profundo con la tierra han dejado una huella en quienes han participado de esta misión.

La Amazonía aparece así como maestra y lugar de encuentro con Dios, pero también como un territorio que reclama cuidado y compromiso frente a las amenazas que afectan a la Casa Común.

Esta experiencia conecta profundamente con el llamado de la Iglesia amazónica a caminar junto a los pueblos, reconocer sus saberes y acompañar sus procesos desde una perspectiva de ecología integral.

“Algo nuevo está brotando”

Como parte de la celebración, durante el mes de septiembre se presentó la serie de videos “Algo nuevo está brotando”, una propuesta que recoge diferentes voces de hermanas y miembros de la Familia Teresiana que han formado parte de esta historia.

Los testimonios permiten recorrer algunos de los principales momentos de estas dos décadas: los comienzos de la presencia, las personas que han sostenido la misión, la participación de las mujeres, la vida de las comunidades, los aprendizajes y los desafíos que continúan marcando el camino.

La imagen de la semilla acompaña toda la celebración: una semilla que fue sembrada hace 20 años y que, con el tiempo, ha dado lugar a nuevos brotes de vida, relaciones, aprendizajes y esperanza.

Una misión que continúa brotando

Celebrar 20 años en Sucumbíos es, para la Compañía de Santa Teresa de Jesús, una oportunidad para agradecer, hacer memoria y renovar el compromiso con la Amazonía.

La historia de esta presencia no se reduce a una institución o a un grupo de personas. Es una historia construida con las comunidades, con quienes han acompañado los procesos pastorales y sociales y con todas aquellas personas que han compartido su vida en este territorio.

Para la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), estas experiencias de vida consagrada en los territorios amazónicos constituyen un testimonio de una Iglesia que busca caminar junto a los pueblos, escuchar sus realidades, acompañar sus procesos y reconocer la Amazonía como un lugar teológico donde Dios continúa revelándose.

Veinte años después de aquella primera semilla, la misión teresiana en Sucumbíos continúa abriendo caminos. Una historia de presencia, vida y misión que sigue brotando, al servicio de las comunidades, de la Casa Común y de la esperanza en la Amazonía.

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