En el marco de la reflexión continental sobre “los nuevos rostros de la pobreza en América Latina y el Caribe”, la Revista CLAR (No. 1 de 2026) publica un profundo artículo de la religiosa indígena Elis Ribeiro dos Santos, que pone en el centro una realidad urgente: el clamor simultáneo de la Tierra y de los pueblos amazónicos.
Desde su experiencia como mujer indígena del pueblo Mura y religiosa inserta en la Amazonía urbana, la autora ofrece una mirada encarnada sobre la crisis socioambiental que atraviesa la región. Su reflexión revela cómo la pobreza en la Amazonía ya no puede entenderse únicamente desde lo material, sino como una ruptura integral que afecta territorios, culturas, espiritualidades y formas de vida.
La Amazonía aparece así como un territorio de profundas contradicciones: fuente de una biodiversidad única en el planeta, pero también escenario de explotación, desplazamientos forzados y desigualdades estructurales. En las periferias urbanas —como Manaus— convergen pueblos indígenas desarraigados, comunidades migrantes y familias vulnerables, configurando nuevos rostros de exclusión y resistencia.
En este contexto, la autora subraya que “cuando la Tierra es herida, también lo son los pueblos”, retomando la perspectiva de la ecología integral propuesta por el Papa Francisco en Laudato Si’. La crisis ambiental y la crisis social, lejos de ser separadas, constituyen una única y compleja crisis socioambiental.
Frente a esta realidad, emerge con fuerza la presencia de la vida religiosa consagrada femenina como signo de cercanía, resistencia y esperanza. En comunidades indígenas, riberas y periferias urbanas, muchas religiosas continúan caminando junto a los pueblos, compartiendo sus luchas y acompañando procesos de organización comunitaria, defensa del territorio y cuidado de la Casa Común.
Experiencias como la Casa Amazónica de Francisco y Clara, en Manaus, muestran que las periferias también son espacios de creatividad, espiritualidad y reconstrucción del tejido social. Allí, mujeres y jóvenes fortalecen procesos comunitarios inspirados en la ecología integral y en nuevas formas de economía solidaria.
El artículo también resuena con las intuiciones del Sínodo para la Amazonía y la exhortación apostólica Querida Amazonía, que llaman a la Iglesia a escuchar profundamente los clamores de los pueblos amazónicos y a ejercer su papel profético en defensa de la vida.
En medio de los conflictos socioambientales —marcados por el avance del extractivismo, la minería y la deforestación—, los pueblos indígenas siguen siendo protagonistas de la defensa de sus territorios. Su resistencia, arraigada en una cosmovisión de interdependencia entre humanidad y naturaleza, ofrece claves fundamentales para repensar el futuro del planeta.
Desde esta realidad, la vida religiosa consagrada es convocada a renovar su compromiso: permanecer junto a los pueblos, denunciar las estructuras que generan muerte y anunciar, con gestos concretos, que otro modo de habitar el mundo es posible.
La Amazonía, como recuerda el horizonte eclesial latinoamericano, no es solo un territorio geográfico, sino un verdadero lugar teológico donde Dios sigue hablando a través de la vida, la resistencia y la esperanza de sus pueblos.