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“En el campo también está el futuro”: un joven campesino del Guaviare apuesta por una Amazonía productiva y sostenible

Fanor Sthieven Aguirre Melo, joven campesino de Calamar, Guaviare, llevó al XII FOSPA la experiencia de las comunidades campesinas que buscan transformar los modelos productivos y permanecer en el territorio sin renunciar al cuidado de la Casa Común.

A sus 23 años, Fanor Sthieven Aguirre Melo tiene una convicción clara: el futuro de la Amazonía también depende de que los jóvenes puedan permanecer en el campo, producir alimentos y encontrar alternativas económicas que permitan vivir dignamente sin destruir los bosques.

Proveniente del municipio de Calamar, en el departamento colombiano del Guaviare, Fanor integra la Asociación Campesina de Trabajadores de la Región de los ríos Unilla e Itilla (ASCATRUI), ubicada en una zona de reserva campesina. Tecnólogo en producción agropecuaria y estudiante de Zootecnia, participa además en procesos de desarrollo sostenible y agroecológico a través de iniciativas como Másecocampo, orientadas a promover alternativas productivas para las comunidades rurales.

Durante el XII Foro Social Panamazónico (FOSPA), realizado en Puyo, Ecuador, del 16 al 21 de agosto de 2026, compartió con la comunicación de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA) su experiencia, sus preocupaciones y su apuesta por una Amazonía donde la producción campesina pueda convivir con la protección de los ecosistemas.

Del FOSPA al territorio: aprender para transformar

Para Fanor, participar en el FOSPA significó una oportunidad para conocer experiencias de otros territorios amazónicos y regresar a Colombia con nuevas herramientas para fortalecer los procesos campesinos.

“Nos vamos con muchas expectativas, con la mente abierta de llevar estas propuestas a nuestro territorio”, explicó.

Entre los aprendizajes que destacó se encuentran el intercambio de semillas, la producción de abonos orgánicos, la agroecología, la producción limpia y diferentes experiencias orientadas al cuidado de la Amazonía y de la Casa Común.

Su apuesta consiste precisamente en convertir estos conocimientos en prácticas concretas en las comunidades.

“Tenemos que llevarle este nuevo conocimiento, estas nuevas herramientas” a los productores, afirmó.

Transformar la ganadería para proteger el territorio

Uno de los principales desafíos que identifica en Calamar es la ganadería extensiva, un modelo productivo que requiere grandes extensiones de tierra y que puede ejercer una fuerte presión sobre los ecosistemas amazónicos.

Frente a esta realidad, Fanor considera necesario avanzar hacia procesos de reconversión ganadera y sistemas productivos más eficientes y sostenibles.

“No podemos seguir con ese mismo sistema de ganadería extensiva, con grandes extensiones de pastura”, señaló.

Su propuesta apunta a optimizar el uso del suelo mediante prácticas de ganadería regenerativa, mejorar el manejo de los animales y reducir la necesidad de ampliar las áreas destinadas a pasturas.

Para él, este es uno de los grandes desafíos que tiene hoy el Guaviare y, en general, las comunidades campesinas de la Amazonía colombiana: producir sin que la ampliación de la frontera agropecuaria signifique necesariamente la destrucción de los bosques.

Diversificar para permanecer

La alternativa que Fanor promueve no pasa solamente por transformar la ganadería. También apuesta por diversificar las actividades productivas de las familias campesinas.

Desde pequeñas unidades productivas, explica, es posible desarrollar diferentes líneas de producción: aves de corral, codornices para huevos, conejos, cabras y otras iniciativas que permitan generar ingresos y reducir la dependencia de la ganadería extensiva.

“Hay nuevas líneas de producción y así podemos bajar la presión sobre los bosques”, explicó.

Esta diversificación también se extiende a los cultivos. Fanor propone superar la lógica del monocultivo y avanzar hacia asociaciones de cultivos que permitan garantizar alimentos para las familias y, al mismo tiempo, generar excedentes para el mercado.

“Debemos tener un amplio espectro de cultivos, una asociación de cultivos, donde podamos tener al menos lo básico para el consumo de la casa, pero también un valor agregado o una salida a un mercado”, señaló.

Todo ello, bajo una perspectiva de producción orgánica y agroecológica.

Campesinos e indígenas: compartir el territorio y cuidar la Casa Común

Otro de los desafíos que Fanor identifica es la necesidad de fortalecer el diálogo entre las comunidades campesinas y los pueblos indígenas de la Amazonía colombiana.

Desde Calamar, explica, se han desarrollado procesos de articulación para reconocer las particularidades de cada comunidad y evitar conflictos derivados de las diferentes figuras territoriales.

“Todos tenemos derecho a un territorio, todos estamos ahí, y así como tenemos derechos tenemos deberes de cuidarlo y darle un manejo adecuado”, afirmó.

Esta perspectiva plantea la necesidad de construir relaciones de convivencia y cooperación entre campesinos e indígenas, reconociendo que ambos sectores forman parte de una realidad territorial compleja y comparten una responsabilidad fundamental: el cuidado de la Casa Común.

“No se desanimen”: el mensaje de un joven campesino

Uno de los mensajes más fuertes de Fanor está dirigido a otros jóvenes que viven en las zonas rurales de la Amazonía.

Reconoce que permanecer en el campo no es sencillo. La falta de oportunidades y de apoyo puede llevar a muchos jóvenes a considerar la migración hacia las ciudades.

“En varias ocasiones he pensado en tirar la toalla, porque de pronto no hay apoyo”, confesó.

Sin embargo, su propia experiencia lo ha llevado a descubrir que el campo ofrece posibilidades que van mucho más allá de la idea romántica de una finca como lugar de descanso.

“Una finca es tener producción, tener retos, tener desalientos, tener muchas cosas que lo desaniman a uno, pero así mismo le traen satisfacción y producción”, expresó.

Por eso su llamado a los jóvenes es a no abandonar el territorio.

“Hay que producir alimento para las personas que están en las ciudades”, afirmó, recordando que la seguridad alimentaria de los centros urbanos depende directamente del trabajo de quienes permanecen en el campo.

Para Fanor, la permanencia rural necesita, sin embargo, de políticas públicas, acompañamiento técnico, formación y oportunidades económicas que permitan a las nuevas generaciones construir proyectos de vida dignos en sus territorios.

La paz de vivir en el territorio

¿Qué lo ha llevado a permanecer en el Guaviare a pesar de las dificultades?

Su respuesta está profundamente vinculada a la relación cotidiana con el territorio.

“Principalmente, la paz o la tranquilidad que nos da el campo”, explicó.

Para él, vivir en el territorio significa también experimentar relaciones comunitarias que difícilmente se encuentran en las grandes ciudades.

“Cualquier vecino en el territorio nos puede brindar una limonada”, contó, como expresión sencilla de una forma de vida basada en la solidaridad y el intercambio.

A ello se suman el aire, los paisajes y las condiciones naturales que, desde su perspectiva, generan una sensación de tranquilidad que se ha convertido en una de las razones fundamentales para continuar apostando por el campo.

Una Iglesia que acompaña desde el territorio

Fanor también destacó el papel de la Iglesia Católica y, particularmente, de la Pastoral Social –  Cáritas Colombia en el acompañamiento a las comunidades campesinas del Guaviare.

Su relación con estos procesos comenzó hace aproximadamente tres años y, desde entonces, ha participado en diferentes espacios de formación y articulación, incluido el FOSPA.

Según su experiencia, uno de los principales valores del acompañamiento de la Iglesia es que parte del conocimiento directo de las realidades locales.

“Van al territorio, miran las realidades del territorio”, afirmó.

Destacó especialmente que este acompañamiento no busca imponer soluciones predeterminadas, sino establecer un diálogo con las comunidades para identificar sus necesidades y construir respuestas pertinentes.

“No es algo que llegan a imponer. Llegan a un diálogo, hablan, intercambian y apoyan con necesidades verdaderas que necesita el campesino”, explicó.

Para Fanor, este tipo de acompañamiento puede contribuir directamente a reducir las presiones sobre los bosques, al ofrecer alternativas productivas que permitan generar ingresos sin ampliar permanentemente las áreas destinadas a la ganadería.

“Dan nuevas líneas de producción para iniciar nuevos procesos y puede haber una economía alternativa en estos territorios”, señaló.

Por ello, expresó su reconocimiento a la Pastoral Social – Cáritas Colombiana y Cáritas Guaviare por el acompañamiento y por la posibilidad de abrir espacios de encuentro y formación para los jóvenes y las comunidades campesinas.

Una Amazonía donde producir también sea cuidar

La experiencia de Fanor en el XII FOSPA pone en el centro una pregunta fundamental para el futuro de la Amazonía: ¿cómo garantizar que las comunidades que habitan y trabajan en el territorio puedan vivir dignamente sin que producir signifique destruir?

Su respuesta pasa por la diversificación productiva, la agroecología, la reconversión ganadera, la formación de los jóvenes, el fortalecimiento de las organizaciones campesinas y el diálogo permanente entre los diferentes actores que habitan la Amazonía.

Desde Calamar, su apuesta es concreta: demostrar que el campo puede ofrecer oportunidades, que la producción campesina puede transformarse y que el cuidado de la Casa Común también puede convertirse en una oportunidad para construir nuevas economías.

A sus 23 años, Fanor representa a una generación que enfrenta enormes desafíos, pero que también está buscando nuevas maneras de permanecer en el territorio.

Su mensaje desde Puyo es sencillo y contundente: no abandonar el campo, fortalecer las capacidades de quienes lo habitan y construir alternativas para que producir alimentos y cuidar la Amazonía sean parte de un mismo proyecto de vida.

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