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La Iglesia de Roraima reafirma su compromiso con los pueblos indígenas durante la Asamblea de Hutukara Yanomami

La defensa de los derechos de los pueblos indígenas, la protección de los territorios ancestrales y los impactos de la minería ilegal fueron algunos de los temas centrales de la VIII Asamblea Ordinaria de la Asociación Hutukara Yanomami (HAY), realizada del 15 al 18 de junio en el Centro Regional Lago Caracaranã, en el estado brasileño de Roraima.

El encuentro reunió a líderes yanomami y ye’kwana, representantes de organizaciones indígenas, instituciones eclesiales y organismos internacionales para reflexionar sobre los desafíos que enfrentan las comunidades en áreas como la salud, la educación, la gobernanza territorial y la defensa de los derechos humanos.

Uno de los momentos más significativos de la Asamblea fue la participación de Mons.  Evaristo Spengler, obispo de la Diócesis de Roraima, quien reafirmó el compromiso histórico de la Iglesia con los pueblos indígenas de la región.

“La Iglesia de Roraima ha optado por solidarizarse con los pueblos indígenas”, expresó el obispo durante su intervención.

Mons. Evaristo recordó que durante décadas la Iglesia local ha acompañado a las comunidades indígenas compartiendo sus alegrías, sufrimientos y luchas, asumiendo junto a ellas la defensa de la vida, la tierra y la dignidad humana.

“La misión de la Iglesia no está vinculada al ejercicio del poder, sino al servicio de la vida y de la dignidad de las personas. Como Iglesia apoyamos al pueblo yanomami en sus reivindicaciones y en la exigencia de acciones concretas por parte del Estado”, señaló.

Una voz firme frente a la minería ilegal

Los líderes indígenas presentes denunciaron una vez más los graves impactos que la minería ilegal continúa generando dentro del Territorio Indígena Yanomami. Durante las sesiones de trabajo se escucharon testimonios que alertaron sobre la contaminación de los ríos, la destrucción de los bosques, las amenazas a la salud comunitaria y el riesgo que estas actividades representan para la supervivencia de los pueblos originarios.

Las intervenciones insistieron en la necesidad de fortalecer las acciones de protección territorial y de garantizar el cumplimiento de los derechos reconocidos a los pueblos indígenas.

“Esta tierra es nuestra madre. Si nuestra tierra es destruida, ¿cómo podremos vivir?”, expresó uno de los líderes yanomami durante los debates.

Asimismo, mujeres líderes indígenas hicieron un llamado a reforzar las medidas de vigilancia y protección para asegurar el futuro de las nuevas generaciones y preservar los ecosistemas que sostienen la vida de sus comunidades.

Presencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos

La Asamblea contó también con la participación de representantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), quienes destacaron la importancia de escuchar directamente a las comunidades afectadas y reiteraron su compromiso con el seguimiento de las denuncias relacionadas con violaciones de derechos humanos en los territorios indígenas.

Los representantes de la CIDH señalaron que existen suficientes evidencias sobre los impactos de la minería ilegal y subrayaron la necesidad de mantener mecanismos permanentes de protección y monitoreo en favor de los pueblos indígenas amazónicos.

Un mensaje de cercanía del Papa León XIV

En el marco de la Asamblea, la Secretaría de Estado del Vaticano hizo llegar un mensaje del Papa León XIV a los participantes del encuentro. A través del cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, el Pontífice aseguró su cercanía espiritual y sus oraciones por los pueblos indígenas y por el desarrollo de la Asamblea.

El mensaje destacó la importancia de fortalecer la unidad de los pueblos indígenas en torno a sus valores, culturas y principios tradicionales, reconociendo su contribución fundamental a la protección de la Amazonía y de la Casa Común.

La VIII Asamblea de Hutukara reafirma así el protagonismo de los pueblos indígenas en la defensa de sus territorios y fortalece las alianzas entre comunidades, Iglesia y organismos de derechos humanos para seguir construyendo caminos de justicia, dignidad y cuidado de la vida en la Amazonía.

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