La Catedral Metropolitana de Florencia fue escenario de una celebración profundamente significativa para la Iglesia en la Amazonía colombiana: el centenario de la Pascua de San José Allamano, fundador de los Misioneros y Misioneras de la Consolata. La conmemoración se convirtió en un acto de memoria agradecida, renovación espiritual y reafirmación del compromiso misionero en los territorios amazónicos.
La Familia Misionera de la Consolata eligió este lugar por su profundo significado histórico. La celebración coincidió, además, con aniversarios clave en la configuración eclesial de la región: 75 años de la erección del entonces Vicariato Apostólico de Florencia (hoy Arquidiócesis), 40 años de la creación de la Diócesis de San Vicente del Caguán y 13 años del Vicariato Apostólico de Puerto Leguízamo–Solano. Estas Iglesias particulares han sido acompañadas desde sus inicios por la Consolata, en un proceso marcado por la misión ad gentes y la inserción en la Amazonía profunda.
La Eucaristía fue presidida por Mons. Omar de Jesús Mejía, Arzobispo de Florencia, y concelebrada por Mons. Francisco Javier Múnera, IMC, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia; Mons. William Prieto Daza, Obispo de San Vicente del Caguán; y Mons. Joaquín Humberto Pinzón, IMC, Obispo de Puerto Leguízamo–Solano. Presbíteros, misioneros, misioneras, laicos y fieles de las comunidades amazónicas participaron en este solemne momento de acción de gracias.
Memoria agradecida y raíces misioneras en la Amazonía
Durante la homilía, Mons. Omar de Jesús subrayó el valor espiritual e histórico de la fecha, destacando que se trata de una celebración que une esperanza, caridad y gratitud. Recordó especialmente la llegada de los primeros misioneros en 1951, liderados por Mons. Antonio María Torasso, IMC, quienes se adentraron en la Colombia profunda para sembrar el Evangelio en medio de grandes desafíos sociales, geográficos y culturales.
En el camino de la memoria agradecida, evocó figuras como Mons. Ángel Cuniberti, IMC, reconocido por su visión estructural, su liderazgo pastoral y su compromiso con el desarrollo integral de la región amazónica; y Mons. José Luis Serna, IMC, recordado por su entrega a la construcción de la paz y por acompañar la maduración eclesial que permitió la elevación a diócesis de San Vicente del Caguán.
Estas trayectorias misioneras —marcadas por la parresía, el coraje y la cercanía con los pueblos campesinos e indígenas— forman parte de la historia viva de la Iglesia amazónica, en sintonía con el espíritu del Sínodo para la Amazonía y el proceso sinodal que impulsa la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA).
“Primero santos y después misioneros”
El Arzobispo de Florencia exhortó a los sacerdotes y misioneros a continuar la obra evangelizadora desde el corazón de la Amazonía, recordando que toda misión nace de la confianza absoluta en Dios y de la disponibilidad humilde a su gracia.
“Las grandes obras misioneras solo se hacen por la gracia de Dios y por la disponibilidad humana a esta gracia. Primero santos y después misioneros”, expresó, subrayando que la santidad es el fundamento de una misión fecunda y transformadora.
En un contexto amazónico atravesado por desafíos sociales, violencia, exclusión y fragilidades estructurales, la celebración fue también un llamado a renovar el compromiso pastoral con los más vulnerables y a fortalecer una Iglesia encarnada en el territorio.
María Consolata y la esperanza para los pueblos amazónicos
La Eucaristía culminó con una oración a María Consolata, poniendo en sus manos la misión que la Familia Consolata realiza en los cinco continentes y, de manera especial, en las Iglesias particulares de Florencia, San Vicente del Caguán y Puerto Leguízamo–Solano.
La plegaria elevó un clamor por las comunidades que viven heridas por la violencia, la marginación y la pobreza, y pidió fortaleza para defender la dignidad humana, construir justicia y promover una sociedad fraterna, donde florezcan los frutos del Reino.
Al finalizar la celebración, los Misioneros de la Consolata realizaron un reconocimiento a las Iglesias particulares por mantener viva la memoria histórica y el ardor misionero al servicio de la misión ad gentes.
Una Iglesia amazónica con memoria y futuro
El centenario de la Pascua de San José Allamano no fue solo una conmemoración histórica, sino una reafirmación del compromiso de la Iglesia en la Amazonía colombiana. Desde la memoria agradecida de quienes sembraron el Evangelio en contextos de frontera, la celebración proyecta un horizonte de misión renovada, en clave sinodal, territorial y profundamente encarnada en las culturas y realidades amazónicas.
En sintonía con el camino impulsado por la CEAMA, esta celebración recuerda que la Iglesia amazónica está llamada a custodiar su memoria, fortalecer su identidad misionera y seguir caminando junto a sus pueblos, defendiendo la vida, la dignidad y la esperanza en el corazón de la Amazonía.