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“Hijos del río”: infancias amazónicas que reman por la vida en Ecuador

En las aguas vivas del río Jatunyacu, en la Amazonía ecuatoriana, un grupo de niños y niñas ha decidido transformar el juego en misión, el deporte en conciencia y la infancia en esperanza. Se hacen llamar Yaku Churis, que en lengua kichwa significa “hijos del río”, y desde su realidad cotidiana están defendiendo la vida de su territorio.

Con sus kayaks de colores, recorren la selva no solo para aprender un deporte, sino para cuidar el agua, proteger la selva y alzar la voz frente a las amenazas que hoy ponen en riesgo su hogar.

Remar para cuidar la Casa Común

La iniciativa nació hace tres años impulsada por Diego Robles, kayakista profesional, quien vio en el río una escuela de vida para las nuevas generaciones. Lo que comenzó como una actividad deportiva se ha convertido en un proceso formativo integral.

Niños y niñas entre 10 y 17 años: aprenden técnicas de kayak; se forman en conservación ambiental; desarrollan liderazgo comunitario; participan en reciclaje y carpintería; y reflexionan sobre las amenazas al territorio.

Cada remada es también un acto de cuidado. Durante sus recorridos, recogen basura, monitorean el estado del agua y observan de cerca los impactos de la minería y la contaminación.

“Estamos formando niños deportistas, pero también conscientes de cuidar el recurso para su vida”, explica Robles.

Una generación que crece con conciencia

Para estos niños amazónicos, el río no es solo un espacio físico: es parte de su identidad. Han crecido en sus aguas, han aprendido de él, y ahora lo defienden.

Maikel Andi, uno de los primeros integrantes del grupo, lo expresa con claridad:

“Cuando bajamos por los ríos que tienen minas, me da pena porque están acabando toda la naturaleza”.

El contraste es evidente. Donde antes había aguas cristalinas, hoy muchas veces fluye un río contaminado, afectado por la expansión de la minería y el crecimiento urbano.

Sin embargo, frente a esta realidad, los Yaku Churis no se resignan. Reman juntos, se forman juntos y sueñan juntos.

Educación desde el territorio

El proyecto va más allá del deporte. Cada encuentro es también una escuela donde se fortalecen capacidades humanas y comunitarias.

Los niños aprenden a trabajar en equipo; pierden el miedo a expresarse; descubren nuevas oportunidades de vida; y se preparan para alternativas económicas sostenibles como el turismo comunitario.

Algunos ya se están formando como guías de rafting, demostrando que es posible construir futuro sin recurrir a modelos extractivos que destruyen la selva.

“Como jóvenes del río, lo más sano es que ellos accedan a estas oportunidades”, señala Robles.

Infancias que anuncian otro camino

Los Yaku Churis representan una nueva generación amazónica: consciente, comprometida y profundamente conectada con su territorio.

En medio de desafíos como la minería, la contaminación y la pérdida de ecosistemas, su testimonio se convierte en signo de esperanza.

Ellos no solo sueñan con competir en el deporte o llegar a unos Juegos Olímpicos. Su mayor anhelo es ver sus ríos libres, vivos y protegidos.

Un signo para la Iglesia en la Amazonía

La experiencia de los “hijos del río” interpela profundamente a la Iglesia amazónica y universal. En ellos se encarna la ecología integral que propone el magisterio del Papa Francisco:

  • El cuidado del agua como fuente de vida.
  • La defensa del territorio como espacio sagrado.
  • La formación de nuevas generaciones comprometidas.
  • La articulación entre cultura, educación y naturaleza.

Estos niños nos recuerdan que la defensa de la Casa Común no es solo tarea de expertos o líderes, sino también de las infancias que, desde su sencillez, nos enseñan a amar, cuidar y proteger.

En cada remada, los Yaku Churis anuncian que otro futuro es posible.

  • Uno donde el río no sea explotado, sino respetado.
  • Uno donde la selva no sea destruida, sino celebrada.
  • Uno donde las nuevas generaciones no hereden la crisis, sino la esperanza. 

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