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“La travesía de la fe” se enfrenta a la Amazonía profunda: la misión en Oiapoque

El primer y más tangible desafío de la misión es la propia geografía: un viaje de Macapá a Oiapoque que, debido a los cerca de 130 km de carretera sin asfalto, en este período de invierno amazónico donde predominan las lluvias, consume largas 10 a 11 horas de trayecto. Esta ardua jornada es el primer testimonio de la resiliencia necesaria para mantener la presencia de la Iglesia en el extremo norte del país.

La Diócesis de Macapá, por sí sola, representa un desafío logístico monumental, ya que alberga todo el vasto territorio del Estado de Amapá. En este escenario de inmensidad, el trabajo de la Iglesia Católica se extiende por decenas de municipios, alcanzando a comunidades aisladas, aldeas indígenas, quilombos y cientos de familias ribereñas. La intensidad del trabajo no se mide solo en kilómetros, sino en la diversidad de pueblos que necesitan ser alcanzados por el mensaje del Evangelio.

La agenda de Monseñor Antônio en Oiapoque fue un retrato fiel de las urgencias pastorales. No solo visitó comunidades urbanas, sino que se aventuró por las periferias, contemplando de cerca los dramas habitacionales causados por la migración, muchos atraídos por la ilusión del desarrollo, como la promesa del petróleo. El obispo dedicó tiempo a la articulación del Consejo Pastoral Parroquial (CPP), celebró la Eucaristía y administró confirmaciones, pero su enfoque estaba en la visión de futuro: la articulación para la creación de una nueva Área Misionera.

“Este movimiento de redimensionamiento pastoral es urgente. Oiapoque, en apenas dos años, vio el surgimiento de siete nuevos barrios (asentamientos), un crecimiento poblacional rápido que exige que la Iglesia se reorganice en todas sus dimensiones. La creación de Áreas Misioneras, como la que se planea confiar a los Misioneros de la Obra de María, es una respuesta teológica y pastoral vital. Refleja la eclesiología de la ‘Iglesia en Salida’, un llamado para que la estructura eclesial vaya al encuentro de los nuevos ‘desiertos’ urbanos, garantizando que la inversión en formación de líderes y adquisición de terrenos no deje a nadie atrás”, explicó Monseñor Antônio.

En sus predicaciones y reuniones, Monseñor Antônio estimuló a los líderes a desarrollar una nueva sensibilidad y dinamismo, reforzando la necesidad de acogida a los migrantes y la inversión en la formación de nuevos líderes locales. Este es el camino para la sostenibilidad de la misión, un punto crucial, especialmente en las áreas más distantes, como las aldeas indígenas y comunidades quilombolas.

Respecto al gran movimiento migratorio hacia Oiapoque, causado por la esperanza de que surjan muchas oportunidades de empleo provenientes de las regalías del petróleo, el obispo de Macapá reflexiona críticamente afirmando sobre el crecimiento de las oportunidades: “Sí, creo que habrá una gran oportunidad de inversiones y de desarrollo para el municipio y para el Estado. Sin embargo, el desarrollo humano depende de la calidad de la gestión de los recursos por parte de las autoridades del municipio e incluso del Estado. Por eso, es necesario un plan preventivo contra la corrupción. En general, donde entra mucho dinero sin control, hay también corrupción desenfrenada y un aumento de la miseria. Por lo tanto, es urgente apostar por la formación de gestores públicos con espíritu ético y por empresas socialmente responsables”.

El Acompañamiento en las Aldeas y la Semilla de la Vocación

La evangelización y la catequesis de los pueblos indígenas constituyen un pilar central y delicado del trabajo de la Iglesia en Amapá. En la Diócesis de Macapá, la misión se extiende a grupos notables como los Waiãpi, Palikur, Tiriyó, Galibi Marworno y Karipuna, entre otros. “El trabajo de la Iglesia trasciende la simple transmisión de la doctrina; es un acto de acompañamiento humano y cultural. En un escenario de crisis económica, como la plaga que afecta la producción de mandioca y genera dependencia del apoyo gubernamental, la presencia católica ofrece un punto de referencia espiritual y de promoción de la dignidad, ayudando a rescatar el sentido de pertenencia comunitaria que se pierde con la dependencia externa. Más que eso, la Iglesia trabaja con la esperanza de plantar semillas, descubrir y nutrir nuevas vocaciones de la tierra. Formar líderes y catequistas indígenas es garantizar que el mensaje del Evangelio sea hablado y vivido por voces que cargan la sabiduría y la identidad de sus propias etnias”, dijo el obispo.

En lo que respecta a la evangelización, Monseñor Antônio de Assis resaltó además: “El servicio de evangelización en todos los contextos humanos debe ser siempre pluridimensional. Aquí en Oiapoque, entre las etnias indígenas, necesitamos ciertamente estimular más el desarrollo de los liderazgos católicos; es necesario apostar por la ministerialidad de los laicos, enfocándose también en la posibilidad de la ordenación de diáconos indígenas. En fin, es necesario reflexionar con los jóvenes sobre la importancia del discernimiento vocacional, presentándoles la vocación a la vida consagrada, religiosa y sacerdotal”.

Ante la vastedad de su misión, Monseñor Antônio de Assis Ribeiro cuenta con la solidaridad de la Iglesia universal. La llegada de sacerdotes de otras diócesis es un gesto de comunión fraterna que alivia la carga sobre el obispo y sus equipos. Estos misioneros temporales son esenciales para alcanzar los lugares más lejanos, ayudando a la Iglesia local a mapear nuevos barrios y, lo más importante, a descubrir y nutrir las nuevas vocaciones que brotan de la propia tierra de Amapá, garantizando que la misión sea siempre conducida por quienes conocen profundamente la realidad de la Amazonía.

Por Vivian Marler / Asesora de Comunicación de la CNBB Norte 2

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