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La Vida Religiosa reafirma su compromiso con la Amazonía, los pueblos originarios y la Casa Común en el camino hacia la COP30

La Conferencia de Religiosos de Brasil (CRB) realizó el encuentro virtual “La Vida Religiosa en la misión y el compromiso con la COP30, con los pueblos originarios y la vida amenazada”, un espacio de reflexión que convocó a religiosas, religiosos y personas comprometidas con el cuidado de la creación para profundizar en el papel profético de la Vida Religiosa frente a la crisis socioambiental y climática.

La transmisión reunió a Frei Rodrigo Peret, OFM, asesor de la Comisión Especial para la Ecología Integral y Minería de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB); Joana D’Arc Ferreira de Lima, articuladora regional de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM); y el Cacique Abias Suruí, líder indígena del pueblo Suruí, quienes compartieron reflexiones sobre los desafíos que enfrenta la Amazonía y el compromiso de la Iglesia en la defensa de la vida.

La ecología integral como prioridad de la Vida Religiosa

Al abrir el encuentro, la CRB recordó que una de las prioridades de la Vida Religiosa en Brasil es cultivar proféticamente la ecología integral en todas las dimensiones de la misión, especialmente junto a los pueblos originarios y las comunidades tradicionales.

La presidenta de la CRB, Hna. Maria do Desterro, invitó a fortalecer una espiritualidad comprometida con la vida y con el legado dejado por el papa Francisco.

“Estamos llamados a seguir los caminos del Señor en estas grandes travesías, compartiendo la vida, la misión y el compromiso con nuestra Casa Común”, expresó.

La oración inicial estuvo inspirada en una campaña sobre el cuidado de la Tierra que invitó a reconocer que “todo está interconectado” y que el compromiso con la justicia climática comienza en la vida cotidiana, promoviendo estilos de vida más sencillos, solidarios y sostenibles.

La crisis climática es también una crisis ética y espiritual

En su conferencia, Frei Rodrigo Peret señaló que la humanidad atraviesa una crisis mucho más profunda que una emergencia ambiental.

“No vivimos únicamente una crisis climática; vivimos una crisis civilizatoria, ética, espiritual y política que revela el agotamiento de un modelo de desarrollo basado en la explotación del planeta y de los bienes comunes”, afirmó.

El religioso recordó que la celebración de la COP30 en la Amazonía representa un hito histórico, pero insistió en que la verdadera transformación no dependerá únicamente de los acuerdos internacionales.

“La respuesta a la crisis climática no nacerá solamente de los documentos oficiales o de las negociaciones entre gobiernos. Dependerá de la capacidad de la humanidad para transformar su relación con la creación, con los demás y con Dios”, sostuvo.

Inspirado en el magisterio del papa Francisco y del papa León XIV, recordó que el grito de la Tierra y el grito de los pobres forman parte de una misma realidad.

“No existen dos crisis separadas; existe una única crisis socioambiental compleja que requiere una respuesta integral”, señaló.

Cuatro desafíos para el tiempo posterior a la COP30

Durante su intervención, Frei Rodrigo propuso cuatro desafíos que, a su juicio, marcarán el compromiso de la Iglesia y de la Vida Religiosa después de la COP30.

El primero consiste en no depositar toda la esperanza en los acuerdos internacionales, sino fortalecer la participación de los pueblos, las comunidades y los movimientos sociales.

Advirtió que, mientras continúan las negociaciones climáticas, la deforestación, la contaminación de los ríos y la expulsión de comunidades de sus territorios siguen avanzando.

En este contexto, defendió un “multilateralismo de los pueblos”, construido desde los territorios y desde quienes históricamente han sido excluidos de los espacios de decisión.

El segundo desafío es discernir críticamente las llamadas “falsas soluciones” frente a la crisis climática.

Cuestionó propuestas basadas exclusivamente en mercados de carbono, compensaciones ambientales o mecanismos financieros que convierten la naturaleza en mercancía.

“La creación no es una mercancía. La tierra es un don. El agua es un don. La vida es un don”, afirmó.

Una transición energética con justicia

El tercer desafío planteado por el franciscano fue analizar críticamente el modelo de transición energética impulsado a nivel mundial.

Si bien reconoció la necesidad de abandonar los combustibles fósiles, advirtió que la creciente demanda de minerales estratégicos —como litio, cobre, níquel y tierras raras— está provocando una nueva expansión minera sobre territorios indígenas y comunidades tradicionales.

“No resolveremos la crisis climática profundizando la extracción. No construiremos justicia climática creando nuevas zonas de sacrificio”, afirmó.

En ese sentido, llamó a la Vida Religiosa a mantenerse al lado de las comunidades amenazadas y de quienes defienden la Amazonía frente a los nuevos modelos extractivos.

Caminar junto a los pueblos originarios

Como cuarto desafío, Frei Rodrigo insistió en que la Iglesia debe fortalecer su alianza con los pueblos indígenas.

Recordó que durante siglos sus conocimientos fueron despreciados, mientras que hoy representan una referencia indispensable para afrontar la crisis ecológica.

“Los pueblos indígenas no representan el pasado; señalan caminos para el futuro”, afirmó.

Añadió que la defensa de los territorios indígenas constituye una condición esencial para proteger la biodiversidad, estabilizar el clima y garantizar el futuro de la humanidad.

“Defender los territorios indígenas es defender la selva. Defender la selva es defender el clima. Defender el clima es defender la vida”, expresó.

Asimismo, invitó a reconocer que la naturaleza no puede reducirse a un activo financiero, sino que constituye una comunidad de vida basada en relaciones de cuidado, reciprocidad y equilibrio.

La Amazonía exige una respuesta profética

A lo largo del encuentro también participaron Joana D’Arc Ferreira de Lima, quien compartió la experiencia de las comunidades amazónicas en la construcción de alternativas frente a la crisis climática, y el cacique Abias Suruí, quien reafirmó la importancia de la defensa de los territorios indígenas como condición para garantizar la vida de las futuras generaciones.

La transmisión concluyó reafirmando que la preparación hacia la COP30 no puede limitarse a un proceso diplomático, sino que constituye una oportunidad para fortalecer la conversión ecológica, la sinodalidad y el compromiso de la Iglesia con los pueblos amazónicos.

Desde esta perspectiva, la Vida Religiosa en Brasil renovó su llamado a caminar junto a los pueblos originarios, fortalecer la justicia socioambiental y promover una espiritualidad que haga visible el Evangelio mediante el cuidado de la Casa Común, en sintonía con el proceso que impulsa la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA) y las diversas redes eclesiales comprometidas con una Iglesia de rostro amazónico.

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