El obispo de la Diócesis de Georgetown, Mons. Francis Alleyne, OSB, dirigió un mensaje de oración, cercanía y esperanza al pueblo de Guyana tras la tragedia marítima del MV Barima. Ante el dolor que atraviesa el país, invitó a acompañar a las familias afectadas, permanecer unidos y renovar el compromiso con la protección de toda vida humana.
La Iglesia católica en Guyana se une al dolor de las familias y comunidades afectadas por la tragedia del ferry MV Barima, ocurrida cuando la embarcación realizaba su recorrido desde Georgetown hacia Port Kaituma, en el noroeste del país.
En medio del duelo nacional, Mons. Francis Alleyne, OSB, obispo de la Diócesis de Georgetown, dirigió un mensaje a los fieles católicos y a toda la nación, expresando su profunda cercanía con quienes perdieron a sus seres queridos, los sobrevivientes y todas las personas afectadas por esta tragedia.
«No hay palabras que puedan expresar adecuadamente la gravedad, la profundidad, el dolor, la pérdida, el duelo y el trauma», expresó el obispo, reconociendo el impacto que este acontecimiento ha provocado no solo entre las familias directamente afectadas, sino en todo el pueblo guyanés.
Ante el dolor, permanecer junto a Dios
Desde su capilla, y teniendo como fondo la imagen de Cristo crucificado, la Virgen María y el sagrario, Mons. Alleyne invitó al pueblo de Guyana a vivir estos días de duelo desde la oración y el silencio ante el misterio de Dios.
El obispo recordó la imagen de Cristo en la cruz como expresión de una muerte «inmerecida y prematura», vinculándola con el profundo dolor que hoy une a toda la nación.
También dirigió su mirada hacia María, la Madre que permaneció al pie de la cruz acompañando el sufrimiento de su Hijo. Al contemplar la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, invocó su intercesión para que sostenga y acompañe al pueblo guyanés en estos momentos de angustia.
«En nuestra tradición, invocamos su intercesión para que nos guíe y nos sostenga en nuestra propia angustia», señaló.
«Que nuestro deseo sea parecernos más a Cristo»
Mons. Alleyne hizo un llamado a responder ante la tragedia desde la compasión, especialmente hacia quienes sufren y se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad.
Recordando el testimonio de Jesús, destacó que la respuesta cristiana ante momentos como este debe estar marcada por una profunda preocupación por el prójimo.
«Su propio testimonio fue de profunda compasión, de profunda preocupación por quienes sufrían y por aquellos que eran más vulnerables. Que nuestro deseo sea el de parecernos más a Cristo», afirmó.
El obispo recordó también otros momentos difíciles atravesados por Guyana, como las inundaciones de 2005 y las tragedias de Lusignan y Bartica, destacando cómo el pueblo guyanés ha sabido responder históricamente con solidaridad, resiliencia y determinación.
Ante la actual situación, pidió que esas mismas cualidades vuelvan a manifestarse con fuerza: «Que estas poderosas cualidades de nuestra nación salgan a relucir en estos momentos».
Una oración por las víctimas, las familias y quienes trabajan en el rescate
En su mensaje, el obispo elevó una extensa oración por quienes perdieron la vida, por las personas desaparecidas, los sobrevivientes y las familias que enfrentan el dolor de la pérdida y la incertidumbre.
«Lloramos con aquellos a quienes les han arrebatado a sus seres queridos. Y te confiamos a los difuntos, oh Señor, a tu misericordia eterna y a tu abrazo amoroso», oró.
Pidió especialmente por las familias que atraviesan el duelo, para que encuentren consuelo y fortaleza, y para que sean acompañadas por la solidaridad de sus comunidades.
También expresó su reconocimiento a los equipos de rescate, personal sanitario, miembros de los servicios de seguridad, voluntarios y todas las personas que trabajan en las labores de búsqueda y atención de la emergencia.
«Bendícelos por su servicio, protégelos de todo mal y renueva sus fuerzas», pidió.
Un llamado a proteger cada vida humana
El obispo de Georgetown dirigió también una oración por las autoridades y por quienes tienen bajo su responsabilidad la seguridad y el bienestar de la población.
Pidió que sean guiados «con sabiduría, integridad y compasión» y expresó su deseo de que esta dolorosa tragedia conduzca a acciones concretas para fortalecer la protección de las personas.
«Que esta tragedia inspire un compromiso renovado para proteger cada vida humana y garantizar que se evite ese sufrimiento siempre que sea posible», manifestó.
Sus palabras adquieren especial relevancia en un país donde los ríos y las vías marítimas constituyen medios fundamentales de movilidad y comunicación para numerosas comunidades, particularmente en territorios de difícil acceso.
«Somos un solo pueblo»
Uno de los llamados centrales de Mons. Alleyne fue a preservar la unidad nacional frente al dolor y evitar que las divisiones debiliten la solidaridad que exige este momento.
«Aleja de nosotros todo espíritu de división y acércanos unos a otros con amabilidad, generosidad y esperanza», expresó en su oración.
Asimismo, invitó a los guayaneses a acompañarse mutuamente y compartir el peso del sufrimiento:
«Que podamos llevar las cargas los unos de los otros, consolarnos mutuamente con amor y recordar que somos un solo pueblo, unidos por nuestra humanidad compartida y nuestro destino común».
Frente a las dudas, las lágrimas y el dolor, pidió a Dios conceder fe, esperanza y la confianza de que el amor es más fuerte que la muerte.
Una oración por Guyana y por quienes navegan sus aguas
Al finalizar su mensaje, Mons. Francis Alleyne elevó una oración especial por los ríos y mares de Guyana y por todas las personas que diariamente transitan por ellos.
«Te pedimos, oh Señor, que cuides de nuestros ríos y nuestros mares y de todos los que viajan por ellos. Mantenlos a salvo y que tu mano protectora acompañe cada viaje», oró.
Finalmente, encomendó a quienes perdieron la vida a la misericordia de Dios y pidió fortaleza para toda la nación:
«Que las almas de los que han fallecido descansen en paz y que la luz perpetua brille sobre ellas. Bendice a nuestra nación, oh Señor. Sana nuestras heridas, fortalece nuestros corazones y guía a Guyana hacia adelante con justicia, compasión y paz».
Desde la Amazonía y en espíritu de comunión eclesial, este llamado invita a acompañar con la oración y la solidaridad al pueblo de Guyana, particularmente a las familias y comunidades que hoy lloran a sus seres queridos, manteniendo viva la esperanza en medio del dolor.