La misión itinerante, vivida desde la cercanía con los pueblos, el respeto por los territorios y la escucha del clamor de la creación, constituye una de las experiencias más significativas de la Iglesia con rostro amazónico. Esta es la reflexión que desarrolla la Hna. Azucena Correa Plata, MIC, en su artículo «Itinerancia en la Amazonía», publicado en la Revista CLAR No. 2 de 2026, dedicada a la Ecoteología.
La edición de la revista aborda uno de los desafíos más urgentes de nuestro tiempo: la relación entre la fe, la justicia socioambiental, la defensa de los territorios y el cuidado de la Casa Común. En este contexto, la autora presenta la itinerancia no solo como un modo de desplazarse por la Amazonía, sino como una profunda experiencia espiritual, eclesial y misionera inspirada en el estilo de vida de Jesucristo.
Partiendo del encuentro de Jesús con la mujer samaritana (Jn 4), Azucena Correa invita a comprender la itinerancia como una actitud permanente de apertura, escucha y diálogo. Así como Jesús se detuvo junto al pozo para encontrarse con quien era considerada extranjera y excluida, la misión en la Amazonía exige salir al encuentro del otro con respeto, reconociendo que cada pueblo, cada cultura y cada territorio son también lugares donde Dios continúa revelándose.
Una espiritualidad que se hace camino
A lo largo del artículo, la autora afirma que la itinerancia es, ante todo, una experiencia interior que transforma a quien la vive. Antes de recorrer ríos, selvas y comunidades, el misionero está llamado a realizar un camino de conversión personal que le permita dejar atrás seguridades, protagonismos y esquemas preconcebidos.
La reflexión recoge numerosos testimonios de religiosas, laicos y misioneros que desarrollan su servicio en distintos territorios amazónicos. Sus experiencias coinciden en señalar que la itinerancia supone aprender constantemente, dejarse evangelizar por los pueblos, compartir la vida cotidiana y caminar al ritmo de las comunidades, sin imponer modelos externos.
En este sentido, la autora recuerda que la misión no consiste únicamente en llevar respuestas, sino también en escuchar con humildad los saberes ancestrales, valorar las culturas locales y descubrir la presencia de Dios en la biodiversidad, en los ríos, en el bosque y en la espiritualidad de los pueblos amazónicos.
Caminar junto a quienes cuidan la vida
El artículo concede un lugar especial al papel de las mujeres en la misión itinerante. Desde su experiencia como religiosa misionera, Azucena Correa describe cómo el encuentro con mujeres indígenas, campesinas y ribereñas permite comprender el profundo vínculo entre el cuidado de la vida, la transmisión de la cultura y la defensa del territorio.
Las mujeres aparecen como guardianas de las semillas, de la lengua, de la memoria de los mayores y de los procesos comunitarios. Su liderazgo cotidiano constituye una fuente de esperanza para las comunidades y una expresión concreta del cuidado integral de la Casa Común.
Asimismo, la autora destaca la cercanía con niños, jóvenes y familias como parte esencial de una evangelización que busca acompañar la vida en todas sus dimensiones, promoviendo procesos de educación, sanación y desarrollo humano integral.
Una misión en medio de grandes desafíos
La reflexión no ignora las profundas heridas que atraviesan la Amazonía. La minería ilegal, el narcotráfico, la presencia de grupos armados, la deforestación, la violencia contra las comunidades y la degradación ambiental forman parte de las realidades que desafían permanentemente a quienes desarrollan su misión en estos territorios.
Frente a este escenario, la autora sostiene que la itinerancia se convierte en un signo profético de esperanza. Permanecer junto a las comunidades, acompañar sus luchas, escuchar sus historias y defender la vida son expresiones concretas del seguimiento de Jesús, que continúa caminando por las periferias del mundo.
La itinerancia como estilo de Iglesia
Más que una estrategia pastoral, Azucena Correa propone la itinerancia como un estilo de Iglesia profundamente sinodal. Se trata de una misión compartida, vivida en comunidad, que fortalece los procesos locales, respeta el protagonismo de las comunidades y reconoce que la evangelización se construye caminando junto a los pueblos.
La autora subraya que itinerar significa llegar con los “pies descalzos”, dispuesto a aprender, a respetar la cultura, la espiritualidad y los procesos ya existentes, sin apropiarse de ellos ni interrumpir su desarrollo. Es una actitud de servicio humilde que busca sembrar las semillas del Reino sin esperar protagonismos ni recompensas.
En sintonía con el camino impulsado por la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), el artículo invita a redescubrir la itinerancia como una expresión concreta de una Iglesia en salida, comprometida con la defensa de la vida, la justicia socioambiental y el cuidado de la Casa Común. Desde esta perspectiva, caminar con los pueblos amazónicos no es solo una forma de hacer misión, sino una manera de vivir el Evangelio y de construir, junto a ellos, nuevos caminos de esperanza para la Amazonía y para toda la Iglesia.