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“Avancemos hacia aguas más profundas”: Hna. Claudia Matos llama a renovar la misión de la Vida Consagrada en la Amazonía

Desde el XII Foro Social Panamazónico, celebrado en Puyo, Ecuador, la religiosa salesiana compartió los desafíos que deja el encuentro para las comunidades amazónicas, la Iglesia y la Vida Consagrada, y destacó la fuerza de las mujeres en la defensa de los territorios.

“Avancemos hacia aguas más profundas y lancemos nuestras redes para pescar”. Con esta invitación, inspirada en el Evangelio, la hermana Claudia Matos, Hija de María Auxiliadora (Salesiana) y misionera amazónica del estado de Pará, Brasil, resume uno de los principales llamados que se lleva del XII Foro Social Panamazónico (FOSPA), realizado en Puyo, Ecuador, del 16 al 21 de agosto de 2026.

La religiosa, integrante del Equipo Itinerante BOLPEBRA (Bolivia-Perú-Brasil), participó en el encuentro como parte de su compromiso misionero en la triple frontera amazónica. Actualmente vive en Cobija, Bolivia, desde donde acompaña a comunidades y pueblos de esta región de la Panamazonía.

Para la hermana Claudia, el FOSPA fue, ante todo, una experiencia de encuentro con la diversidad de pueblos, territorios y luchas que atraviesan la Amazonía. “Fue una experiencia interesante, en el sentido de encontrarse con diferentes pueblos, de conocer muchas realidades y la lucha de muchos pueblos, sobre todo de las mujeres”, afirmó durante la entrevista realizada por el equipo de comunicación de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA).

Las mujeres, protagonistas de la defensa de los territorios

Uno de los aspectos que más marcó su participación fue constatar el protagonismo de las mujeres amazónicas en la defensa de sus comunidades, ríos y territorios.

Durante el FOSPA, la hermana Claudia participó en la Casa Temática sobre los ríos, espacio en el que representantes de diferentes países compartieron experiencias de resistencia, organización comunitaria y defensa de los derechos de los pueblos.

La religiosa destacó especialmente el valor de conocer experiencias que han logrado avances concretos, incluso en el ámbito jurídico, porque se convierten en referentes y fuente de esperanza para otros pueblos que continúan enfrentando amenazas y conflictos.

“Fue muy concreto, en el sentido de organizar los próximos pasos a seguir y de que las experiencias y personas y colectivos que ya tienen éxito puedan apoyar a quienes todavía están en fase de lucha, de confrontación y de amenaza”, explicó.

Esta dimensión práctica del encuentro permitió, según su valoración, pasar de la escucha y el intercambio de experiencias a la construcción de estrategias y redes de apoyo entre quienes defienden los territorios amazónicos.

“¿Por qué ellos están ahí y nosotros no?”

Uno de los desafíos que la hermana Claudia se lleva del FOSPA tiene rostro de mujer y, particularmente, de mujeres indígenas amazónicas que aún tienen una participación limitada en los espacios regionales de articulación.

La religiosa llegó al encuentro acompañada por dos mujeres de Bolivia, entre ellas una mujer indígena tacana del departamento de Pando. La participación en el FOSPA les permitió reconocer la importancia de que los pueblos amazónicos de esta región tengan una presencia más activa en los espacios de diálogo y decisión.

“Ellas mismas se dieron cuenta ahora de que en Bolivia hubo representación del altiplano y que lo ideal sería la representación de Pando, que es la Amazonía. Y se dieron cuenta de eso: ‘¿Por qué ellos están ahí y nosotros no?’”, relató.

Por ello, considera fundamental fortalecer procesos de formación, acompañamiento y participación desde las bases, de manera que las mujeres indígenas de Pando puedan tener una presencia más significativa en futuros encuentros.

“El desafío es acompañar a estas mujeres, posibilitar que también puedan participar, tanto en eventos como este, pero también allí en la base”, señaló. Su horizonte es claro: que en el próximo FOSPA Pando pueda estar representado por mujeres indígenas capaces de hacer escuchar su propia voz.

Una Iglesia llamada a estar “lado a lado con el pueblo”

Desde su experiencia misionera, la hermana Claudia reconoce avances importantes en la presencia de la Iglesia en la Amazonía, especialmente después del Sínodo para la Amazonía. Sin embargo, también identifica desafíos que requieren una conversión pastoral más profunda.

“Se percibe que hay personas en varias partes de esta inmensa Amazonía comprometidas, actuando, a veces en silencio, no muy visibles”, afirmó.

Al mismo tiempo, advierte que persisten resistencias dentro de la propia Iglesia frente a procesos de renovación y apertura. “Hay otro lado de la Iglesia que frena, que dificulta los procesos, que quiere vivir en el tradicionalismo, en una vida acomodada”, expresó.

Ante esta realidad, considera necesario avanzar hacia una Iglesia capaz de acompañar de manera más cercana las luchas y esperanzas de los pueblos amazónicos.

“Todavía nos falta mucho avanzar en estar comprometidos, en estar lado a lado con el pueblo, en sus causas, en defensa de la Amazonía”, afirmó.

Construir redes para no caminar solos

Como integrante del Equipo Itinerante, la hermana Claudia identifica también un desafío hacia el interior de las experiencias misioneras itinerantes de la Amazonía: fortalecer la articulación entre los distintos equipos y procesos.

A su juicio, existen numerosas iniciativas que trabajan en diferentes territorios, pero todavía es necesario avanzar hacia una verdadera red de colaboración, intercambio y apoyo mutuo.

“Existen equipos actuando aisladamente, cada uno en su lugar. Entonces, creo que el desafío para nosotros, como Equipo Itinerante, es construir realmente una red con los demás equipos, para sumar”, explicó.

Este desafío adquiere especial relevancia después del FOSPA, donde distintas experiencias pudieron encontrarse, compartir aprendizajes y reconocer que muchas de las luchas que se viven en los territorios tienen causas comunes.

Una Vida Consagrada que salga de sus muros

Uno de los mensajes más contundentes de la hermana Claudia está dirigido a la Vida Consagrada presente en la Amazonía.

Su invitación es a dejarse interpelar por la realidad de los pueblos y a superar modelos de vida religiosa encerrados en estructuras, costumbres y dinámicas que pueden alejarla de las comunidades.

“Es salir de ese modelo de Vida Consagrada dentro de los muros, de las costumbres del pasado, y abrir un poco la ventana, abrir la puerta y ver el grito del pueblo que está a nuestro lado en la Amazonía”, expresó.

Para ella, la misión amazónica exige presencia, escucha y cercanía, especialmente en aquellos territorios donde la presencia institucional de la Iglesia todavía es limitada.

“Estar en los ríos, en las comunidades, donde a veces la Iglesia no consigue llegar”, es, a su juicio, una experiencia que puede renovar profundamente la vocación misionera.

Una Amazonía amenazada, pero no vencida

Al referirse a la situación actual de la Amazonía brasileña, la hermana Claudia la calificó como “delicada”. Más allá del contexto electoral, señaló la existencia de amenazas estructurales vinculadas a los intereses económicos sobre los territorios y sus riquezas.

“La Amazonía está muy amenazada, muy codiciada, por todos lados”, afirmó, al tiempo que alertó sobre discursos que pueden desinformar y confundir a las poblaciones.

Sin embargo, frente a este escenario, su mirada no es de derrota. La religiosa reconoce en la organización de los pueblos una fuente fundamental de esperanza.

“Nosotros no podemos perder la esperanza”, afirmó. Para ella, los encuentros como el FOSPA permiten comprobar que existen numerosas personas y organizaciones comprometidas con la defensa de la vida y de los territorios.

“Ver a las personas encontrarse en el FOSPA, ver en varios lugares personas reuniéndose, personas en la lucha, eso renueva la esperanza que necesitamos tener”, expresó.

“No podemos soltar la mano”

Al finalizar la entrevista, la hermana Claudia dejó un mensaje de esperanza y unidad para la Iglesia y los pueblos amazónicos.

Su propuesta parte de reconocer que ninguna comunidad ni ninguna organización puede afrontar sola los enormes desafíos que atraviesa la Panamazonía.

“Si se junta un poco de la fuerza de uno con la fuerza del otro, la lucha de uno con la lucha del otro, el saber de uno con el saber del otro, eso se hace grande”, afirmó.

Por eso, invitó a “no soltar la mano”, incluso en medio de las diferencias, y a buscar los puntos de unidad que atraviesan a los pueblos amazónicos de los distintos países.

En esa búsqueda, destacó también la importancia de recuperar la memoria y la sabiduría ancestral de los pueblos como fuente de energía para continuar defendiendo la vida.

“Un papel nuestro, de quienes participamos en este FOSPA, es salir llevando más esperanza a las personas”, afirmó.

Su mensaje final sintetiza el espíritu que, desde su perspectiva, debe animar a quienes trabajan por la Amazonía: “Es posible. Vamos a darnos las manos. Hay mucha gente ahí. Juntos podemos conseguirlo”.

Desde Puyo, el testimonio de la hermana Claudia Matos recuerda que la esperanza amazónica no es una espera pasiva, sino una fuerza que se construye en comunidad, en la defensa de los territorios, en la participación de las mujeres, en la articulación de redes y en una Iglesia capaz de caminar, escuchar y comprometerse con los pueblos.

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