Las Iglesias de Colombia y Ecuador renovaron su compromiso de acompañar a los pueblos que habitan los territorios fronterizos, durante el Segundo Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza, celebrado en octubre de 2026 en Tumaco, Nariño. La reunión permitió compartir una lectura de la realidad de los corredores Pacífico, Andino y Amazónico, reconocer los desafíos que enfrentan las comunidades y fortalecer los caminos de cooperación para la defensa de la vida, la dignidad humana y el cuidado de la Casa Común.
El encuentro reunió a representantes de las ocho jurisdicciones eclesiásticas que acompañan la frontera colombo-ecuatoriana, junto con Cáritas Ecuador y el Secretariado Nacional de Pastoral Social–Cáritas Colombiana. Las Iglesias participantes reafirmaron un camino de 34 años de cercanía, cooperación y solidaridad con las comunidades afectadas por las violencias, las crisis humanitarias y las distintas formas de exclusión.
Una frontera marcada por desafíos sociales y ambientales
Durante el encuentro, los participantes analizaron las complejas realidades que atraviesan los territorios fronterizos. Aunque la frontera representa un espacio de intercambio, riqueza cultural y encuentro entre pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes, campesinas y familias migrantes, también enfrenta graves problemáticas relacionadas con el narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando, el tráfico de armas, la extorsión y la trata de personas.
Las Iglesias manifestaron su preocupación por las formas de violencia que afectan la vida cotidiana de las comunidades, especialmente aquellas que permanecen ocultas bajo dinámicas de miedo, confinamiento y control social. En este contexto, reafirmaron la necesidad de permanecer cerca de quienes sufren amenazas, desplazamientos, reclutamiento, explotación y otras vulneraciones de sus derechos.
El comunicado final destaca la importancia de acompañar de manera particular a los pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes, las familias campesinas, las personas migrantes y refugiadas, las mujeres y las niñas, niños y adolescentes, quienes experimentan de manera especialmente intensa las consecuencias de estas violencias.
A estas preocupaciones se suman las amenazas ambientales. La minería ilegal, los cultivos ilícitos, la deforestación, la contaminación de los ríos y las fuentes de agua, así como los efectos de la variabilidad climática, ponen en riesgo la salud, la alimentación y la permanencia de numerosas comunidades en sus territorios.
Ante esta realidad, las Iglesias subrayaron que defender la vida humana y cuidar la Casa Común son responsabilidades inseparables, especialmente en territorios donde la degradación ambiental profundiza las desigualdades y amenaza los medios de vida de las poblaciones.
Una Iglesia que acoge, protege y construye puentes
Frente a estos desafíos, las Iglesias participantes señalaron que la seguridad fronteriza no puede limitarse al control de los pasos fronterizos ni a respuestas exclusivamente militares. La construcción de paz requiere también oportunidades dignas de vida, instituciones cercanas a las comunidades, protección humanitaria, justicia, cuidado ambiental y una cooperación efectiva entre Colombia y Ecuador.
Desde su identidad evangelizadora, las Iglesias expresaron su voluntad de continuar siendo una presencia cercana a los pueblos, capaz de escuchar sus necesidades, acompañar sus procesos comunitarios y contribuir a la construcción de caminos de justicia, reconciliación y paz.
La presencia cotidiana de las parroquias, las comunidades, los agentes pastorales y las organizaciones eclesiales a ambos lados de la frontera constituye una fortaleza para responder a las necesidades de la población y promover iniciativas que protejan la dignidad humana.
Tres caminos para fortalecer la misión fronteriza
Como fruto del encuentro, los participantes asumieron el compromiso de fortalecer tres líneas de acción conjunta:
- Lectura y discernimiento de la realidad: mantener una reflexión permanente sobre las dinámicas fronterizas y preservar la memoria de los pueblos que habitan estos territorios.
- Acción pastoral y comunitaria: fortalecer las iniciativas de protección de la vida, construcción de paz y reconciliación, respuesta humanitaria y cuidado de la Casa Común.
- Articulación e incidencia binacional: profundizar el trabajo conjunto con las comunidades, las instituciones públicas, las organizaciones sociales, la cooperación internacional y otros actores presentes en los territorios.
Asimismo, hicieron un llamado fraterno a las autoridades de Colombia y Ecuador, a las organizaciones sociales y a la cooperación internacional para asumir una responsabilidad compartida frente a las problemáticas que afectan a las comunidades fronterizas.
Las Iglesias recordaron que estas realidades superan la capacidad de respuesta de un solo país y requieren decisiones coordinadas que pongan en el centro a las personas, sus derechos y sus comunidades.
Una frontera donde el Evangelio invita al encuentro
Al concluir el Segundo Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza, las Iglesias renovaron su compromiso de caminar juntas, permanecer al lado de quienes sufren y reconocer la capacidad de los pueblos fronterizos para cuidar la vida, resistir a la violencia y construir esperanza.
Este compromiso expresa una manera de vivir la misión eclesial desde la escucha, la cercanía y el trabajo articulado con las comunidades, reconociendo que la frontera no es únicamente un límite geográfico o político, sino también un territorio de encuentro, solidaridad y fraternidad.
«Allí donde los límites políticos nos separan, el Evangelio nos llama a reconocernos hermanos», expresa el comunicado final del encuentro.
