En el camino hacia la Segunda Cumbre Amazónica del Agua, que tendrá como sede Puerto Maldonado, Madre de Dios, en 2027, se realizó este 5 de octubre la primera “Maloca del Agua”, un espacio virtual de diálogo y articulación que busca tejer redes entre comunidades, organizaciones, Iglesia, instituciones públicas, academia y otros actores comprometidos con la defensa del agua y la vida en la Amazonía.
La iniciativa, impulsada desde el Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado (Perú), retoma el espíritu de la primera Cumbre Amazónica del Agua y propone que este proceso no sea entendido como un evento aislado, sino como un camino de participación, reflexión, incidencia y construcción colectiva.
“Las Malocas también se tejen”, se explicó durante el encuentro, haciendo referencia a estos espacios tradicionales de encuentro de los pueblos amazónicos, donde se comparten saberes, se dialoga y se toman decisiones comunitarias. Desde esta perspectiva, las Malocas del Agua buscan convertirse en espacios para conectar experiencias y propuestas desde los territorios.
El agua, una prioridad para la Iglesia amazónica
El encuentro comenzó con la intervención de Mons. Miguel Ángel Cadenas, obispo del Vicariato Apostólico de Iquitos, quien presentó el origen de la primera Cumbre Amazónica del Agua y el proceso que llevó a la creación de la Vicaría del Agua.
El obispo explicó que cerca del 70 % del territorio del Vicariato de Iquitos es inundable y que en estos espacios habita, entre otros pueblos, el pueblo Kukama, cuya vida y cultura están profundamente vinculadas con los ríos.
Desde el acompañamiento pastoral a las comunidades y sus procesos de defensa territorial, fueron emergiendo distintas problemáticas relacionadas con la contaminación petrolera, las aguas de formación, los proyectos de infraestructura y la falta de acceso al agua segura.
Mons. Cadenas destacó también el proceso judicial que reconoció al río Marañón como sujeto de derechos, así como las demandas de comunidades de Iquitos que han reclamado el acceso al agua potable y al saneamiento básico.
Para el obispo, estas experiencias muestran cómo el cuidado del agua se ha convertido en una expresión concreta de una Iglesia sinodal y misionera, que acompaña a los pueblos amazónicos en la defensa de la vida y de sus territorios.
“El Espíritu está suscitando en las Iglesias amazónicas acompañar a los pueblos amazónicos en general, en la conservación del agua como una fuente vital de existencia y también como protección de los territorios de los pueblos indígenas”.
De una cumbre a un proceso de articulación
Por su parte, Bárbara Fraser, periodista y coordinadora de la Vicaría del Agua del Vicariato Apostólico de Iquitos, compartió la experiencia de la primera Cumbre Amazónica del Agua, realizada un año atrás.
Fraser recordó que la primera edición reunió a más de 400 participantes de 13 países, superando ampliamente las expectativas iniciales. El encuentro permitió compartir experiencias, fortalecer vínculos y visibilizar las diferentes dimensiones de la problemática del agua en la Amazonía.
Uno de los principales frutos fue la construcción de una declaración y una agenda de próximos pasos, entre ellos la formación de líderes, la generación de conciencia, el fortalecimiento de procesos de incidencia, el intercambio de experiencias y la construcción de mecanismos de coordinación a nivel de la cuenca amazónica.
“La cumbre no debe ser simplemente un momento, un evento más; debe ser parte de un proceso”, señaló Fraser, destacando la importancia de mantener la articulación entre las organizaciones y actores que trabajan por el agua en los distintos territorios.
Entre los avances posteriores a la primera cumbre se destacó la articulación con organizaciones como REPAM, CEAMA, CELAM, redes eclesiales y organizaciones sociales, así como la elaboración de aportes para un informe sobre el agua en la Amazonía impulsado en el marco de Naciones Unidas.
Los pueblos indígenas: territorio, agua y gobernanza
La voz de los pueblos indígenas estuvo presente a través de Julio Cusurichi Palacios, líder indígena del pueblo Shipibo y representante de AIDESEP (Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana), quien subrayó que para los pueblos originarios el territorio constituye la base de la vida, la cultura y la continuidad de sus comunidades.
“El territorio para nosotros es la base fundamental (…) no solamente para la supervivencia o para la continuidad de nuestro pueblo, sino el territorio que nos da vida”, afirmó.
Cusurichi destacó que los ríos, quebradas, bosques, plantas medicinales y demás elementos de los ecosistemas forman parte integral del territorio y requieren una adecuada gobernanza.
También alertó sobre las amenazas derivadas de actividades extractivas, normas regresivas, invasiones y otros procesos que ponen en riesgo los territorios indígenas. En este contexto, planteó fortalecer la seguridad jurídica de las comunidades, los sistemas de monitoreo y la participación de hombres y mujeres indígenas en la gestión de sus territorios.
Asimismo, resaltó la importancia de avanzar en el reconocimiento de los ríos y quebradas como sujetos de derechos, como una herramienta para fortalecer su protección.
Políticas públicas que respondan a la realidad amazónica
El especialista en políticas públicas y gestión ambiental Mariano Castro Sánchez-Moreno llamó la atención sobre la necesidad de colocar las aguas amazónicas en el centro de las políticas públicas.
Durante su intervención señaló que los problemas relacionados con el agua no son exclusivamente amazónicos, sino que tienen repercusiones nacionales, regionales y globales.
Entre los principales desafíos mencionó las brechas en acceso al agua segura y saneamiento, la contaminación por aguas residuales y metales pesados, especialmente el mercurio, la deforestación y la pérdida de ecosistemas.
Castro insistió en que las políticas públicas deben traducirse en acciones concretas, presupuesto, responsabilidades, indicadores y mecanismos de seguimiento.
Entre las propuestas planteadas hacia la Segunda Cumbre Amazónica del Agua destacó la necesidad de fortalecer la información y la investigación; integrar los conocimientos científicos y los saberes indígenas; mejorar la inversión pública; priorizar el tratamiento de aguas residuales; fortalecer la vigilancia de aguas, peces y sedimentos; garantizar la participación indígena y de las mujeres en los espacios de gobernanza y promover mecanismos públicos de seguimiento y rendición de cuentas.
“El seguimiento debe demostrar mejoras en el agua y la salud de las comunidades”, enfatizó.
Del territorio a la agenda global
El cuarto panelista, Francisco Javier Cortés Fernández, director de la Agencia Vasca de Cooperación y Solidaridad, aportó una perspectiva orientada a conectar los desafíos territoriales con la agenda global.
Cortés planteó la necesidad de construir una arquitectura local-global, capaz de vincular las experiencias y luchas de los territorios amazónicos con procesos internacionales relacionados con los derechos humanos, la sostenibilidad y la Agenda 2030.
Para ello, destacó la importancia de fortalecer las capacidades de los actores locales, promover procesos de gobernanza multinivel, involucrar al tejido productivo y generar alianzas entre comunidades, instituciones, academia, organizaciones sociales y cooperación internacional.
Su propuesta parte de una mirada sistémica: los desafíos del agua no pueden abordarse de manera aislada, sino en relación con la economía, la producción, los derechos, la cultura, el ambiente y las dinámicas sociales de cada territorio.
Tejer redes para avanzar hacia 2027
Durante el espacio de diálogo se plantearon también acciones concretas para fortalecer el proceso intercumbre. Entre ellas aparecen la creación y consolidación de redes locales, el intercambio de experiencias entre países amazónicos, el fortalecimiento de plataformas de información, la construcción de un posible observatorio de políticas públicas del agua y la generación de alianzas con actores públicos, privados, académicos y sociales.
Desde la perspectiva de los pueblos indígenas se insistió en que estos procesos deben construirse “desde abajo hacia arriba”, reconociendo el protagonismo de las comunidades y sus conocimientos.
El encuentro concluyó reafirmando que la Segunda Cumbre Amazónica del Agua debe ser entendida como un proceso de articulación territorial, participación, incidencia y esperanza, capaz de conectar las experiencias locales con una agenda panamazónica y global.
En los próximos encuentros de la Maloca del Agua se abordarán ocho ejes temáticos: derecho humano al agua; pueblos indígenas y gobernanza territorial; agua y cambio climático; actividades extractivas y contaminación; agua, salud y saneamiento; juventudes amazónicas; reflexión de fe de la Iglesia amazónica en torno al agua; y liderazgo de las mujeres amazónicas en la defensa del agua y el territorio.
El camino hacia Puerto Maldonado continúa con una convicción compartida por quienes participaron en este primer encuentro: