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Jesuitas en San Ignacio de Mojos: una historia de amistad, identidad cultural y compromiso con la Amazonía

La experiencia de San Ignacio de Mojos, en la Amazonía boliviana, refleja una historia de encuentro entre los pueblos indígenas y la Compañía de Jesús, marcada por la espiritualidad, la preservación de la cultura y el compromiso con el cuidado de la Casa Común.

Fuente: Jesuitas Bolivia.

En el corazón de la Amazonía boliviana, San Ignacio de Mojos conserva una historia de encuentro entre los pueblos indígenas y la Compañía de Jesús, una relación que, a lo largo de los siglos, ha estado marcada por la amistad, el respeto y el servicio. Esta experiencia constituye un testimonio de cómo el acompañamiento pastoral, el diálogo intercultural y la valoración de las raíces de los pueblos contribuyen a mantener viva la identidad de las comunidades amazónicas.

«Mojos no es cualquier historia, Mojos es la historia de una amistad», expresa el padre Fabio Garbari, SJ, actual párroco de San Ignacio de Mojos, en referencia a la memoria compartida entre la población indígena y los misioneros jesuitas.

La misión tiene sus raíces en la llegada de los jesuitas Antonio de Orellana y Juan de Espejo, hace 337 años. Desde entonces, la historia de Mojos ha atravesado diferentes etapas, incluida la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767, un acontecimiento que transformó profundamente la vida de las misiones y de las comunidades indígenas.

El retorno de los jesuitas abrió una nueva etapa de acompañamiento, orientada a fortalecer los vínculos con los pueblos, reconocer sus saberes y caminar junto a ellos en la defensa de su identidad, su territorio y sus aspiraciones.

Para el padre Bernardo Mercado, SJ, provincial de la Compañía de Jesús en Bolivia, la amistad constituye el fundamento de esta relación histórica. Se trata de un encuentro entre culturas diferentes que comparten el compromiso de acompañar la vida de las comunidades y fortalecer su experiencia de fe.

Una Iglesia que acompaña la vida y la cultura de los pueblos

La presencia de la Iglesia en San Ignacio de Mojos va más allá de la celebración de los sacramentos. La parroquia se ha convertido en un espacio de encuentro, formación y acompañamiento para las comunidades indígenas, promoviendo la transmisión de la fe en diálogo con las culturas y las tradiciones locales.

María Eugenia Carrizo, misionera laica que lleva 14 años viviendo en Mojos, describe la parroquia como una plataforma de acompañamiento a la identidad y la cultura de los pueblos.

Actualmente, el trabajo pastoral camina junto a unas 60 comunidades indígenas pertenecientes a cinco pueblos originarios: mojeño ignaciano, mojeño trinitario, movima, yuracaré y tsimane. Entre sus principales acciones se encuentra la formación de liderazgos juveniles y adultos en comunidades del Territorio Indígena Multiétnico (TIM), el Territorio Indígena Mojeño Ignaciano (TIMI) y el área urbana.

Uno de los desafíos más importantes es fortalecer los vínculos entre las generaciones. Mientras los mayores mantienen viva la memoria cultural y espiritual, muchos jóvenes experimentan nuevas influencias culturales y tecnológicas que pueden alejarlos de sus tradiciones. A ello se suman los procesos migratorios y la búsqueda de oportunidades fuera de sus territorios.

Ante esta realidad, la parroquia impulsa espacios de formación que permiten a niños, adolescentes y jóvenes profundizar en su espiritualidad, conocer su historia y valorar su identidad cultural.

El Cabildo Indigenal: guardián de la memoria mojeña

La preservación de la cultura y la espiritualidad de los pueblos tiene uno de sus principales referentes en el Gran Cabildo Indigenal de San Ignacio de Mojos, una institución ancestral que continúa transmitiendo sus conocimientos, celebraciones, música y danzas tradicionales.

Su labor se expresa especialmente en la organización de la Ichapequene Piesta, la fiesta mayor de Mojos, así como en las celebraciones religiosas que articulan la espiritualidad católica con las expresiones culturales de los pueblos indígenas.

El cacique Hilario Jiménez destaca la importancia del diálogo permanente entre el Cabildo y la parroquia, una relación que se fortalece mediante el encuentro y la colaboración en las distintas actividades comunitarias.

Esta experiencia muestra cómo las comunidades indígenas son protagonistas de la preservación de su patrimonio espiritual y cultural, transmitiendo de generación en generación los conocimientos y valores que sostienen su identidad.

A este esfuerzo se suman el Museo de San Ignacio de Mojos y el Archivo Misional, espacios dedicados a conservar la memoria histórica de la región. El museo custodia miles de partituras vinculadas con la tradición musical misional, mientras que la Escuela de Música contribuye a mantener viva esta herencia artística.

La música, las danzas y las celebraciones tradicionales constituyen expresiones de una cultura viva, en la que la memoria de los antepasados continúa dialogando con las nuevas generaciones.

La Amazonía, horizonte de esperanza y compromiso

La experiencia de San Ignacio de Mojos también plantea una reflexión sobre los desafíos actuales de la Amazonía. La defensa del territorio, la protección del agua, la conservación de los bosques y la transmisión de los saberes ancestrales son aspectos fundamentales para garantizar la continuidad de la vida de los pueblos.

Víctor Noza, joven indígena del Territorio Indígena Multiétnico, destaca la importancia de defender el territorio y proteger el medio ambiente, reconociendo el acompañamiento de la parroquia en estos procesos.

Por su parte, el padre Bernardo Mercado, SJ, invita a mirar la Amazonía desde la experiencia concreta de sus habitantes. Los pueblos indígenas, señala, ofrecen una perspectiva que sitúa la armonía con la creación y el bienestar colectivo en el centro de la vida.

Esta visión se relaciona con el llamado de la Iglesia a promover una ecología integral, que reconozca la profunda conexión entre la dignidad humana, la protección de los territorios, la diversidad cultural y el cuidado de la Casa Común.

Más que una declaración de principios, este compromiso requiere acciones concretas y una presencia cercana a las comunidades, respetando sus procesos organizativos y acompañando sus luchas y esperanzas.

Caminar juntos para construir el futuro

La historia de San Ignacio de Mojos recuerda que la misión evangelizadora encuentra su sentido más profundo en el encuentro, la escucha y el servicio. La experiencia de los jesuitas junto a los pueblos indígenas invita a construir relaciones basadas en el respeto mutuo, el reconocimiento de las culturas y la defensa de la vida.

En una Amazonía que enfrenta múltiples amenazas ambientales, sociales y culturales, fortalecer estos vínculos resulta esencial para acompañar a las comunidades en la protección de sus territorios y en la construcción de un futuro digno para las nuevas generaciones.

Como expresa el padre Bernardo Mercado, SJ, la amistad se fortalece caminando juntos, con un compromiso real con la tierra, las costumbres y los sueños de los pueblos.

San Ignacio de Mojos es, así, un testimonio de una Iglesia que busca mantener vivo el diálogo entre la fe y las culturas, reconociendo en los pueblos indígenas a protagonistas de su historia y a guardianes de la vida en la Amazonía.

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