La Conferencia Episcopal de Colombia, al concluir su CXXI Asamblea Plenaria, dirigió un mensaje al pueblo colombiano en el que hace un llamado a fortalecer la unidad nacional, promover una cultura del encuentro y rechazar toda forma de violencia en el lenguaje y en las actitudes, en un contexto marcado por las recientes elecciones y los desafíos sociales que enfrenta el país.
Inspirados en la exhortación de san Pablo: “Procuren mantener la unidad, fruto del Espíritu, mediante el vínculo de la paz” (Ef 4,3), los obispos invitan a todos los sectores de la sociedad a trabajar por el bien común, el respeto mutuo y la reconciliación, recordando que la paz comienza por la manera en que nos relacionamos y dialogamos.
Durante la Asamblea, los prelados reflexionaron sobre la formación de los futuros sacerdotes, destacando la necesidad de preparar ministros profundamente arraigados en Jesucristo, capaces de caminar junto al pueblo, escuchar con apertura, reconocer la dignidad de cada persona y convertirse en constructores de puentes allí donde existen divisiones. Al mismo tiempo, reconocieron que también los obispos están llamados a una permanente conversión pastoral que los impulse a escuchar, dialogar y ser signos de comunión en la Iglesia y en la sociedad.
En su mensaje, la Conferencia Episcopal valoró la amplia y pacífica participación de los colombianos en las recientes elecciones, considerándola una expresión de madurez democrática y de respeto por las instituciones. Asimismo, subrayó que la aceptación de la voluntad popular manifestada en las urnas constituye un camino indispensable para la construcción de la paz.
Sin embargo, los obispos expresaron su preocupación por la creciente polarización que atraviesa el país. Advirtieron que el uso de discursos agresivos y actitudes de confrontación profundiza las divisiones sociales, genera desgaste emocional y alimenta escenarios de violencia.
Frente a esta realidad, hicieron un llamado a valorar la diversidad de opiniones y perspectivas como una riqueza para la nación, promoviendo una auténtica cultura del encuentro, en sintonía con el magisterio del papa Francisco, que permita construir una convivencia basada en el respeto, el diálogo y la búsqueda de consensos.
La Conferencia Episcopal exhortó igualmente a los gobernantes a ejercer su responsabilidad constitucional como promotores de la unidad nacional, trabajando por el bien común, la verdad y la justicia, y consolidando un proyecto de país que incluya a todos los colombianos sin desconocer la historia y los logros alcanzados.
En este contexto, los obispos insistieron en la necesidad de “desarmar las palabras”, evitando que la confrontación fracture las familias, las comunidades, las instituciones y el tejido social. Recordaron que todos están llamados a reconocerse corresponsables en la construcción de una sociedad reconciliada y solidaria, retomando también las enseñanzas del papa León XIV sobre la dignidad de la persona y la responsabilidad compartida.
El mensaje incluyó, además, una expresión de cercanía y solidaridad con el pueblo venezolano afectado por los recientes sismos. Los obispos aseguraron su oración por las víctimas, las familias damnificadas y quienes sufren las consecuencias de esta tragedia, al tiempo que alentaron a fortalecer la ayuda humanitaria en favor de quienes más lo necesitan.
Finalmente, encomendaron el presente y el futuro de Colombia a la protección de la Bienaventurada Virgen María, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Patrona del país, en el marco de los 440 años de la renovación milagrosa de su imagen. Asimismo, confiaron el camino de perdón y reconciliación nacional a la intercesión de san Juan Pablo II, recordando su histórica visita a Colombia como peregrino de la paz.