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Desde Belém hacia Bogotá: La voz de la Amazonía que anima el camino hacia la VI Asamblea General de la CEAMA – Cardenal Pedro Barreto 

En el marco de la COP30, celebrada en Belém do Pará, Brasil, conversamos con el cardenal Pedro Barreto, S.J., presidente de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), sobre el momento que vive la Amazonía y el llamado que resuena con fuerza de cara a la VI Asamblea General de la CEAMA, que se realizará del 16 al 20 de marzo en Bogotá, Colombia.

Cardenal Barreto, ¿qué significado tuvo para usted la presencia de la Iglesia amazónica en la COP30?

La presencia de la Iglesia amazónica en la COP30 fue profundamente significativa. No estuvimos allí solo como observadores, sino como voz profética junto a los pueblos. La participación de comunidades indígenas, organizaciones sociales, Iglesias locales y líderes de la ruralidad amazónica buscó reafirmar algo fundamental: la Amazonía no es un objeto de discusión, sino un sujeto histórico que defiende la vida, el territorio y el futuro de la humanidad.

Usted ha señalado que la Amazonía no puede seguir siendo vista como una reserva de recursos. ¿Qué quiso subrayar con ese mensaje?

Quise dejar claro que la Amazonía no es una despensa para la explotación, sino un territorio vivo, habitado y sagrado. En la COP30 dijimos con firmeza que no venimos solo a escuchar discursos, sino a exigir soluciones reales y sostenibles que garanticen la conservación de los ecosistemas y la protección de los pueblos originarios. Cuidar la Amazonía es cuidar la vida en todas sus formas.

En Belém usted habló del riesgo del “punto de no retorno”. ¿Por qué es una advertencia tan urgente?

Porque no estamos hablando de un futuro lejano. Las comunidades amazónicas ya están sufriendo hoy las consecuencias de la degradación ambiental. El riesgo del punto de no retorno es real y evitarlo es una responsabilidad global, pero también una urgencia moral. Interpela a los Estados, a los sectores económicos, a la ciudadanía y, de manera muy particular, a la Iglesia, que no puede guardar silencio ante el clamor de los pueblos y de la tierra.

¿Qué tipo de compromiso exige hoy el cuidado de la casa común?

Exige una esperanza activa, no ingenua. Requiere compromiso colectivo y una acción decidida que involucre a toda América Latina y al mundo. La COP30 debía —y aún debe— convertirse en un espacio de unidad entre naciones, pueblos y organizaciones, capaz de anteponer la vida a los intereses económicos o políticos de corto plazo. El futuro del llamado “pulmón del mundo” depende de decisiones valientes hoy.

Usted insistió también en la necesidad de una conversión profunda. ¿A qué se refiere?

A que no bastan las declaraciones ni los acuerdos formales. Necesitamos una conversión ecológica integral, que toque los corazones. De los responsables políticos, de los empresarios y de cada ciudadano. Solo así las decisiones responderán verdaderamente al cuidado del ambiente y al bienestar de los pueblos amazónicos. Sin conversión interior, no habrá transformación real.

¿Qué aprendizajes recientes fortalecen este camino de compromiso?

La Cumbre del Agua fue un signo muy elocuente. Dejó aprendizajes importantes y generó una conciencia colectiva sobre la centralidad del agua y del territorio como bienes comunes. Ese mensaje se vio reforzado en Belém y se integra en un camino más amplio de compromisos por la vida en la Amazonía, donde todo está conectado.

Finalmente, ¿cómo se vincula todo este mensaje con la VI Asamblea General de la CEAMA en Bogotá?

Todo lo vivido y expresado en la COP30 es una fuerte motivación para la VI Asamblea General de la CEAMA. En Bogotá estamos llamados a discernir juntos cómo seguir fortaleciendo una Iglesia con rostro amazónico, sinodal y comprometida con la justicia socioambiental. Desde Belém hasta Bogotá reafirmamos que el futuro de la Amazonía se construye caminando juntos, escuchando el clamor de los pueblos y asumiendo, como Iglesia y como sociedad, la responsabilidad de cuidar la vida en todas sus formas.

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