En el marco de la VI Asamblea General de la CEAMA, celebrada en Bogotá, el Cardenal Leonardo Ulrich Steiner, recientemente elegido presidente de la CEAMA, presidió la Eucaristía en la solemnidad de San José el jueves 19 de marzo, ofreciendo una profunda y luminosa homilía centrada en el “acogimiento de los sueños de Dios” como camino espiritual, eclesial y misionero.
Del sueño de Dios a la presencia salvadora
Partiendo del Evangelio de Mateo (Mt 1,16.18-21), el Cardenal Steiner invitó a contemplar a San José como el hombre que supo acoger el paso de la promesa a la presencia. “Dios soñó”, expresó, subrayando que ese sueño no quedó en una expectativa lejana, sino que se hizo realidad concreta en la historia: en María, en el Niño, en la vida cotidiana de una familia.
José, enfrentado al misterio de la maternidad de María, no comprende, pero tampoco juzga ni condena. En su silencio y en su decisión de “despedirla en secreto”, se revela como un hombre justo, respetuoso de la dignidad. Sin embargo, es en el sueño —en la escucha profunda de Dios— donde encuentra luz para discernir. Allí recibe la invitación a acoger: acoger a María, acoger al Niño, acoger el misterio.
“José acoge sin poner condiciones”, destacó el Cardenal, señalando que este gesto inaugura una nueva forma de habitar el mundo: hacer de la propia vida una morada para Dios.
José, hombre del camino y de la confianza
La homilía recorrió los distintos momentos en los que los sueños de Dios guiaron la vida de José: el nacimiento en Belén, la precariedad del pesebre, la huida a Egipto, el retorno a Israel y la vida oculta en Nazaret.
Cada uno de estos episodios revela a un José profundamente disponible, que no actúa según sus propios planes, sino en obediencia confiada a la voluntad de Dios. Migrante, peregrino, padre y custodio, José se convierte en signo de una fe que camina en medio de la incertidumbre.
“Los sueños lo hicieron padre, cuidado, presencia”, expresó el Cardenal, resaltando que en cada lugar —incluso en tierra extranjera— José supo hacer de su vida una morada para el Hijo de Dios.
El acogimiento: camino espiritual y misión
Uno de los ejes centrales de la reflexión fue el acogimiento como actitud fundamental de la vida cristiana. Un acogimiento que no es pasividad, sino apertura, escucha, disponibilidad y acción.
“Acoger en las contrariedades, en las incomprensiones, en los desafíos”, implica dejarse conducir por Dios incluso cuando no se tienen todas las respuestas. En este sentido, el Cardenal recordó que José, al acoger el misterio de Cristo, se convierte en colaborador de la redención, en “ministro de la salvación”, como lo afirma el Papa Francisco en su carta apostólica Patris Corde.
Este camino de acogimiento se presenta hoy como una invitación para toda la Iglesia, especialmente en el tiempo de Cuaresma: dejarse transformar por el misterio de la vida que Dios ofrece y prepararse para la plenitud de la Pascua.
Ser profetas del Reino desde la acogida
La homilía también iluminó la misión de los discípulos hoy: no somos, en primer lugar, anunciadores, sino acogedores del Reino. Acoger el Reino significa hacerlo visible, encarnarlo, mostrarlo en la vida concreta como verdad, justicia, amor y paz.
En esta perspectiva, la Iglesia está llamada a ser signo de ese Reino que incluye a todos, donde cada persona y toda la creación tienen un lugar en la Casa Común.
El Cardenal Steiner subrayó que este llamado se vive de manera sinodal, caminando con el Pueblo de Dios, escuchando, discerniendo y actuando juntos. Así, la experiencia de la CEAMA se convierte en expresión concreta de este caminar compartido.
La Amazonía: lugar donde el sueño de Dios se hace historia
En sintonía con el proceso eclesial amazónico, el Cardenal invitó a acoger los sueños que el Espíritu ha suscitado en la Iglesia, especialmente a través de Querida Amazonía y del Sínodo para la Amazonía.
Estos sueños —social, cultural, ecológico y eclesial— siguen siendo una hoja de ruta para construir una Iglesia con rostro amazónico: encarnada en los territorios, comprometida con los pueblos y defensora de la vida.
“Acoger los sueños de Dios nos hace participantes de un amor que redime el universo”, afirmó, invitando a abrirse a las sorpresas de Dios y a dejarse conducir por su Espíritu.
Una Iglesia que se hace morada
Finalmente, el Cardenal Steiner expresó su deseo de que esta Asamblea fortalezca a las Iglesias particulares para ser signos vivos del Reino: un Reino que libera, transforma y salva.
Siguiendo el ejemplo de San José, la Iglesia en la Amazonía está llamada a ser morada: lugar de acogida, de cuidado, de vida compartida. Una Iglesia que no observa desde fuera, sino que habita con el pueblo, escucha sus clamores y camina con él.
Así, la homilía se convierte en una invitación profunda: acoger el sueño de Dios hoy, para que la Amazonía —y el mundo— sean verdaderamente casa de vida para todos.