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En Sena, Bolivia, la misión se fortalece con la formación y la escucha de los pueblos amazónicos

En el corazón de la Amazonía boliviana, donde el calor tropical, los caminos de tierra roja y las largas distancias forman parte de la vida cotidiana, la misión de la Iglesia continúa abriendo caminos de encuentro, formación y acompañamiento pastoral.

El municipio de Sena, ubicado en la provincia Madre de Dios del departamento de Pando, fue sede de una jornada de formación en Biblia, Catequesis y Liturgia promovida por el Área de Evangelización de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), en coordinación con el Vicariato Apostólico de Pando. Hasta allí llegaron catequistas, agentes pastorales y colaboradores de diversas comunidades amazónicas, motivados por el deseo de fortalecer su servicio evangelizador.

La experiencia estuvo marcada por una profunda reflexión sobre la realidad de la misión en la Amazonía. El padre Alejandro Castillo, religioso mexicano que acompaña la capilla San José Obrero de Sena, compartió una anécdota que ilustra la importancia de acercarse a las culturas locales con respeto y disposición para aprender. Recién llegado al municipio, observó que muchas personas tenían los pómulos hinchados y pensó que sufrían problemas dentales. Más tarde comprendió que se trataba de una práctica cultural arraigada: el pijcheo o masticado de hoja de coca.

Esta experiencia se convirtió en una valiosa lección pastoral: la evangelización comienza cuando se escucha, se comprende y se valora la realidad de los pueblos, evitando interpretaciones apresuradas desde perspectivas externas.

La Palabra de Dios que transforma la vida

Durante la formación bíblica, Abel Maldonado, responsable de Liturgia, Música, Arte Sacro, Piedad Popular y Doctrina y Fe de la CEB, destacó que la lectura de la Sagrada Escritura no puede reducirse al conocimiento intelectual de textos, fechas o autores.

“La verdadera comprensión de la Palabra nace de una actitud de fe y apertura interior”, señaló, invitando a los participantes a descubrir en la Biblia una palabra viva que continúa iluminando la vida de las comunidades y acompañando sus desafíos cotidianos.

La reflexión insistió en la necesidad de leer la Escritura con el corazón abierto, permitiendo que el mensaje evangélico transforme las relaciones, las decisiones y el compromiso cristiano en los territorios amazónicos.

Catequistas llamados a ser testigos

Por su parte, Cecilia Coronel, responsable de la sección de Catequesis, Biblia y Culturas del Área de Evangelización, recordó que la catequesis es mucho más que la transmisión de contenidos doctrinales.

Inspirada en las enseñanzas del Papa Francisco, subrayó que la vocación catequética nace del Espíritu Santo y se sostiene en el testimonio coherente de quienes anuncian el Evangelio. Los participantes fueron invitados a reconocer su servicio como una respuesta concreta al llamado de Dios, vivida con fidelidad, compromiso y esperanza.

La jornada permitió reafirmar que la misión catequética transforma tanto a quienes reciben el anuncio de la fe como a quienes la comparten en las comunidades.

Una liturgia viva al servicio del pueblo

Otro de los ejes de la formación estuvo centrado en la comprensión de la liturgia como experiencia viva del encuentro con Cristo.

A partir de las enseñanzas del Concilio Vaticano II y de la constitución Sacrosanctum Concilium, Abel Maldonado explicó que la liturgia no es simplemente un conjunto de normas o ceremonias, sino una acción sagrada en la que Cristo continúa actuando en medio de su Iglesia.

Esta perspectiva ayudó a los participantes a redescubrir el sentido profundo de las celebraciones litúrgicas como fuente de vida, comunión y renovación para las comunidades amazónicas.

Una Iglesia que aprende a caminar con los pueblos

La experiencia vivida en Sena recuerda que la misión en la Amazonía exige cercanía, escucha y capacidad de aprendizaje. En territorios donde las culturas, las tradiciones y las formas de vida poseen una riqueza única, evangelizar significa también dejarse interpelar por la realidad de los pueblos y reconocer la presencia de Dios en sus historias.

Entre caminos de tierra roja, calor intenso y largas travesías, la Iglesia continúa construyendo puentes de encuentro y esperanza. Allí, donde la vida se desarrolla al ritmo de la Amazonía, la fe sigue creciendo con paciencia, compromiso y profunda confianza en el Evangelio.

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