Por: P. Renan Dantas – Diócesis de Juína – MT
En el corazón de Sudamérica, la Amazonía se extiende como un manto verde que cubre nueve países, siendo Brasil el guardián de la mayor parte de este territorio sagrado. El 5 de septiembre celebramos el Día de la Amazonía, no solo como un hito medioambiental, sino como una fecha que nos invita a mirar este bioma estratégico con reverencia, cuidado y compromiso.
La Amazonía es más que una selva: es el hogar de pueblos originarios, un santuario de biodiversidad y un espacio teológico donde se encuentran la fe, la cultura y la resistencia.
La Amazonía como bioma vivo
Con cerca de 5,5 millones de km², la Amazonía es considerada la selva tropical más grande del planeta, responsable de regular el clima global y albergar el 10 % de toda la biodiversidad conocida. Sus ríos, entre ellos el majestuoso Amazonas, transportan el 20 % del agua dulce superficial de la Tierra.
Pero esta inmensidad no es solo riqueza natural. Para millones de indígenas, ribereños y extractivistas, la selva es su hogar, su alimento y su espiritualidad. Como decía una anciana de la etnia munduruku: «La selva es nuestra madre, el río es nuestra sangre, y sin ellos no hay vida para nosotros».
«Querida Amazonía»: el sueño del Papa Francisco
En febrero de 2020, tras el Sínodo para la Amazonía, el papa Francisco publicó la exhortación apostólica Querida Amazonía, uno de los documentos más significativos de su pontificado.
El papa esbozó cuatro sueños para la región:
- Sueño social: justicia para los más pobres y respeto a las culturas indígenas.
- Sueño cultural: valoración de las tradiciones y los conocimientos ancestrales.
- Sueño ecológico: preservación de la selva como patrimonio de la humanidad.
- Sueño eclesial: una Iglesia con rostro amazónico, encarnada en la realidad local.
Francisco recordaba que la Amazonía no es solo el «pulmón del mundo», sino un corazón espiritual que late con esperanza para la Iglesia y para la humanidad.
El Papa León XIV y la misión en la Amazonía
En agosto de 2025, durante el Encuentro de Obispos de la Amazonía en Bogotá, convocado por la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), el Papa León XIV hizo llegar su mensaje a los más de 90 obispos presentes, en representación de 76 jurisdicciones eclesiásticas de los nueve países amazónicos.
En el telegrama firmado por el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, el Papa afirmó:
«Es necesario que Jesucristo, en quien se recapitulan todas las cosas, sea anunciado con claridad y gran caridad entre los habitantes de la Amazonía, de tal manera que debemos esforzarnos por darles el pan fresco y limpio de la Buena Nueva y el alimento celestial de la Eucaristía, único medio para ser verdaderamente el pueblo de Dios y el cuerpo de Cristo».
León XIV recordó tres dimensiones inseparables de la misión de la Iglesia en la región:
- el anuncio del Evangelio,
- el trato justo a los pueblos que allí habitan
- y el cuidado de la Casa Común.
El mensaje concluyó con una exhortación: que nadie destruya irresponsablemente los bienes naturales que hablan de la bondad del Creador, ya que la creación es un don que se nos ha confiado para la alabanza de Dios y la salvación de las almas.
Mártires de la Amazonía
El Día de la Amazonía es también un recuerdo vivo de aquellos que entregaron sus vidas por la selva y los pueblos. Son mujeres y hombres que se convirtieron en mártires de la esperanza:
- Hermana Dorothy Stang (1931-2005) – Misionera de Notre Dame, asesinada en Anapu (PA) por defender a los pequeños agricultores y los proyectos de extracción sostenible. Su última frase resuena: «La selva es nuestra vida».
- Dom Pedro Casaldáliga (1928-2020): obispo de la Prelatura de San Félix del Araguaia (MT). Conocido como «el profeta de la Amazonía», se enfrentó a los latifundios y denunció la explotación indígena. Vivió como mártir de la palabra profética.
- P. Ezequiel Ramin (1953-1985) – Misionero comboniano, asesinado en Rondônia por apoyar a los ocupantes ilegales y a los indígenas contra los grileiros armados. Su testimonio sigue inspirando hoy en día a los jóvenes misioneros.
- Hermana Cleusa Carolina Rody Coelho (1953-1985): misionera de la Consolata, asesinada en Lábrea (AM) por defender el derecho de los pueblos indígenas al territorio.
- P. João Bosco Penido Burnier (1917-1976): jesuita, asesinado a tiros en Ribeirão Cascalheira (MT) cuando intercedía por unos campesinos torturados por la policía.
- Hermano Vicente Cañas (1944-1987): jesuita español, llamado Kiwxi por los Enawenê-Nawê (MT), entre los que vivió y se integró en la comunidad. Fue brutalmente asesinado por defender los derechos territoriales de los indígenas frente a la invasión de acaparadores de tierras y ganaderos. Su vida fue un signo de profunda alianza entre la Iglesia y los pueblos originarios.
A estos nombres se suman tantos otros anónimos: líderes indígenas, recolectores de caucho y defensores de la selva. La sangre derramada se convirtió en semilla de vida y justicia, recordándonos que la lucha por la Amazonía no es sólo ecológica, sino profundamente evangélica.
Desafíos y preservación
A pesar de los recientes avances en la lucha contra la deforestación, las cifras siguen siendo preocupantes. Entre agosto de 2024 y julio de 2025, el sistema DETER registró 4,495 km² de área bajo alerta de deforestación, el segundo índice más bajo de la serie histórica, pero aún alarmante dada la gravedad de la pérdida forestal.
En mayo de 2025, se produjo un salto brusco: la deforestación creció un 92 % en relación con el mismo mes del año anterior, alcanzando los 960 km² destruidos en solo 30 días. Este aumento fue impulsado por incendios y por la presión de actividades ilegales. Científicos como Carlos Nobre advierten que, si la deforestación alcanza entre el 20 % y el 25 % de la selva, la Amazonía podría llegar a un punto sin retorno, transformándose en sabana, con impactos irreversibles en el clima global.
Más que una preocupación medioambiental, la Amazonía es un lugar teológico y espiritual, la Casa Común de la humanidad, como recuerda la encíclica Laudato Si’.
Para la Iglesia, defender la selva es parte de la misión de cuidar la creación. Los pueblos indígenas, con su espiritualidad arraigada en la tierra, enseñan un camino de convivencia respetuosa con la naturaleza. Su visión dialoga con la fe cristiana, que ve en el mundo creado un reflejo de la bondad de Dios.
El 5 de septiembre no es solo una fecha conmemorativa, sino un llamado a la acción. Es una invitación a celebrar la vida que brota del bosque, a honrar el testimonio de los mártires y a renovar el compromiso de preservación.
La Amazonía es un regalo para toda la humanidad. Preservarla es responder a la voz de Dios que resuena en la selva, en los ríos y en las comunidades que allí resisten.
En este Día de la Amazonía, resuena el llamamiento de Francisco en Querida Amazonía:
«Sueño con una Amazonía que luche por los derechos de los más pobres, que preserve su riqueza cultural, que conserve su belleza natural y que sea también un lugar de nuevos caminos para la Iglesia».
Y resuena también la voz de León XIV, que invita a la Iglesia a anunciar a Jesús con claridad y caridad, cuidando la Casa Común como un don confiado por el Padre.
Foto: Pe. Renan Dantas