Desde el Vicariato Apostólico de Aguarico, en la provincia de Orellana (Ecuador), Monseñor Geovanny Paz, obispo de Latacunga, ha alzado la voz para denunciar con firmeza una injusticia que hiere de muerte a la Amazonía y a sus pueblos.
Hace cuatro años, la Corte Constitucional determinó que debían apagarse los mecheros de la industria petrolera, tras reconocer los daños ambientales y humanos ocasionados por su combustión permanente. Seis niñas amazónicas, símbolo de la dignidad herida de un pueblo entero, lograron que la justicia reconociera su derecho a un ambiente sano y libre de contaminación.
Sin embargo, la sentencia no se ha cumplido. Los mecheros siguen encendidos. Y con ellos, la impunidad.
“Todavía no se apagan, han pasado cuatro años. ¿Qué esperamos? Son mecheros que producen cáncer. Cáncer significa muerte”, denunció Monseñor Paz.
La cifra estremece: más de 700 personas afectadas por cáncer en la zona. Detrás de cada número hay un rostro, una familia, una vida truncada. Frente a esta realidad, la voz de la Iglesia resuena clara: el Evangelio nos exige defender la vida por encima de cualquier interés económico o político.
“Jesucristo nos dijo: preocúpense del Reino de Dios y su justicia. Hagamos justicia. No contaminemos el aire, los ríos, la tierra. Son la Casa Común”, recordó el obispo, llamando a compromisos concretos en el cuidado de la creación y en la defensa de los derechos humanos, colectivos y ambientales.
Este clamor profético de la Amazonía nos recuerda que no se trata solo de un problema local, sino de una herida que desgarra la humanidad entera. La vida en la Amazonía está amenazada por modelos extractivos que priorizan la ganancia sobre la dignidad.
La CEAMA se une a esta denuncia y hace eco de la pregunta que interpela nuestras conciencias: ¿qué esperamos para que se haga justicia y se apaguen definitivamente los mecheros de la muerte?
Hoy más que nunca necesitamos hombres y mujeres de buena voluntad, capaces de optar por la vida, de defender a los más vulnerables y de trabajar juntos para dejar un mundo mejor del que recibimos.