En el marco de la Conferencia “Brindando Esperanza”, con ocasión del décimo aniversario de la encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco y a pocos días de culminar el Tiempo de la Creación (1 de septiembre – 4 de octubre), la vicepresidenta de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), Patricia Gualinga, compartió un profundo mensaje desde su identidad de mujer kichwa del pueblo Sarayaku, en la Amazonía ecuatoriana.
Laudato Si’: un puente para caminar juntos
En su intervención durante la sesión plenaria “Esperanza y Urgencia. Superando divisiones, inspirando responsabilidad: El impacto de Laudato Si’ más allá de las confesiones”, Gualinga destacó que la encíclica ha marcado un punto de inflexión, al reconocer que la crisis climática no es solo ambiental ni económica, sino también un desafío moral.
“Laudato Si’ recoge y resuena nuestros saberes ancestrales sobre la naturaleza. Crea un lenguaje común donde ciencia, espiritualidad, política y cosmovisiones comunitarias pueden dialogar y enriquecerse mutuamente”, expresó.
Testimonio desde Sarayaku: espiritualidad y resistencia
Gualinga relató cómo el pueblo Sarayaku logró detener la actividad petrolera en su territorio a través de la espiritualidad, la comunidad y el derecho, estableciendo un precedente jurídico en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Subrayó además la propuesta “Kawsak Sacha” – Selva Viviente, que reconoce a la naturaleza como un ser vivo consciente y sujeto de derechos.
“Cada río, cada árbol y cada ecosistema tienen dignidad propia. Cortar esos hilos invisibles es destruir la vida misma”, afirmó, recordando que esta visión no es idolatría, sino un modo de comprender la vida como entramado sagrado.
Frente a las amenazas extractivas
Con voz profética, denunció la expansión de la frontera extractiva en la Amazonía y la criminalización de líderes indígenas y organizaciones sociales:
“No podemos seguir siendo territorios de sacrificio. Los gobiernos priorizan la economía sobre la vida, persiguiendo a quienes defienden la Casa Común”.
El amor como fuerza transformadora
Gualinga resaltó que los pueblos indígenas se han unido al Evangelio no por imposición, sino por amor y convicción:
“Donde hay administración, hay riesgo de muerte; donde hay amor, hay compromiso de cuidado y justicia social”.
Proyección global: voz colectiva de la Amazonía
Recientemente nombrada integrante del Foro Permanente de la ONU para Cuestiones Indígenas, recordó que su voz no es individual, sino colectiva, en representación de la Amazonía:
“No habrá justicia climática sin justicia para los pueblos indígenas”.
Tiempo decisivo para la Amazonía y la Iglesia
En su cierre, hizo un llamado a la Iglesia a ser signo de escucha, comunión y unidad:
“Estamos en un tiempo decisivo. Los pueblos, los ríos y los bosques no pueden esperar más. Si creemos en la Buena Nueva, debemos anunciarla con rostro amazónico, en clave de amor y esperanza”.
La intervención de Patricia Gualinga dejó resonar la certeza de que el cuidado de la Casa Común sólo será posible desde la unidad, la escucha y el compromiso real con los pueblos que la habitan.





