En el marco del Día Internacional de la Mujer, la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA) comparte el testimonio de Narcisa Pereira, integrante del Consejo de Mujeres del Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho (Venezuela), quien alza su voz como mujer amazónica, indígena y servidora de su comunidad.
Ser mujer en la Amazonía: resistencia y cuidado
Para Narcisa, ser mujer en la Amazonía hoy implica un rol multifacético: resistencia, protección y liderazgo. “Nuestra identidad está profundamente ligada a la preservación del ecosistema, de la biodiversidad, del cuidado de nuestra Casa Común y de la cultura ancestral”, afirma.
Describe la fuerza de la mujer amazónica como una amalgama de resistencia ancestral, liderazgo comunitario y profunda conexión con la naturaleza. Son guardianas del territorio, defensoras frente al extractivismo y la explotación minera, sembradoras de alimento y transmisoras de saberes que garantizan la vida de las futuras generaciones.
Amenazas y desafíos
Las mujeres enfrentan múltiples amenazas: la expansión del extractivismo, la presencia de actores armados en los territorios y diversas formas de violencia e invisibilización. Sin embargo, continúan caminando en clave sinodal, acompañando comunidades, formando catequistas, lectoras y animadoras, y sosteniendo la fe en medio de las adversidades.
“Seguimos el camino que Dios nos ha puesto, avanzando contra viento y marea”, expresa.
Espiritualidad con rostro amazónico
La espiritualidad de la mujer amazónica se vive en conexión profunda con la Madre Tierra. Se reconocen como guardianas de la biodiversidad, de la memoria de los pueblos y de los saberes ancestrales. En las comunidades rurales e indígenas, las mujeres son gestoras de recursos naturales y protectoras de la vida.
Un mensaje al mundo y a la Iglesia
En este 8 de marzo, Narcisa envía un mensaje claro: celebrar la resiliencia y el potencial infinito de las mujeres, exigiendo igualdad real, justicia y espacios libres de violencia. “Invertir en las mujeres es invertir en un futuro más justo, sostenible y próspero para toda la humanidad”.
A la Iglesia universal, pide mayor reconocimiento y participación efectiva: “Las mujeres somos catequistas, lectoras, animadoras y acompañantes. También podemos formar parte activa en la toma de decisiones. Necesitamos equidad”.
Sueña con una Iglesia amazónica acogedora, sinodal, inspirada en María, donde las mujeres no sean invisibles sino protagonistas, valoradas por su escucha, empatía y servicio.
Participar y persistir
Como mujer indígena, reconoce que participar en espacios eclesiales como la CEAMA no ha sido fácil. Persisten tensiones e invisibilizaciones. Sin embargo, reafirma su compromiso de seguir avanzando para fortalecer la misión de las mujeres indígenas y promover la equidad: “Donde hay un catequista masculino, que haya también una catequista femenina; donde hay un lector masculino, que haya también una lectora”.
En este Día Internacional de la Mujer, la CEAMA agradece la valentía de mujeres como Narcisa Pereira, cuya vida y testimonio encarnan una Iglesia con rostro amazónico y femenino, comprometida con la justicia, la equidad y la defensa de la Casa Común.