La Amazonía no puede seguir siendo comprendida únicamente como un territorio de misión. Hoy es también un territorio que evangeliza, interpela y transforma a la Iglesia universal. Esta fue una de las principales reflexiones compartidas por Marcelo Lemos, secretario ejecutivo de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), durante el foro virtual “El compromiso misionero a la luz de la Dilexi Te”, organizado por el Centro de Formación Misionera (CFM) de las Obras Misionales Pontificias (OMP) de Venezuela.
El encuentro tuvo como punto de partida la primera exhortación apostólica del papa León XIV, Dilexi Te, un documento centrado en el servicio a los pobres y en la dimensión transformadora del amor cristiano. A partir de este texto, Lemos propuso una lectura misionera desde la realidad amazónica, invitando a repensar el papel de los territorios, los pueblos y las comunidades en la vida de la Iglesia.
De territorio de misión a territorio de evangelización
Durante su intervención, el secretario ejecutivo de la CEAMA recordó que uno de los grandes aportes del Sínodo para la Amazonía fue reconocer la existencia de “territorios teológicos”, es decir, lugares donde Dios se revela y habla a través de las culturas, los pueblos y la creación.
Sin embargo, afirmó que la experiencia amazónica invita a dar un paso más allá.
“La Amazonía deja de ser solamente un campo de misión para convertirse en un territorio de evangelización. Ya no es únicamente un lugar al que la Iglesia va para anunciar el Evangelio; es también un sujeto eclesial que evangeliza a la propia Iglesia”, señaló.
Según Lemos, los pueblos amazónicos ofrecen enseñanzas fundamentales para el caminar eclesial actual: la escucha profunda, la reciprocidad, el cuidado de la vida, la interdependencia, la sencillez pastoral y una profunda comunión con la creación.
Las fronteras que hablan
Uno de los ejes centrales de su reflexión fue la comprensión de las fronteras como espacios privilegiados de encuentro con Dios.
Para el representante de la CEAMA, las fronteras geográficas, culturales, sociales, lingüísticas y humanas no son únicamente obstáculos para la misión, sino lugares desde donde se revela quiénes continúan siendo excluidos, descartados o invisibilizados.
“La misión no consiste solamente en llegar a las fronteras, sino en dejarnos transformar por ellas”, afirmó.
Desde esta perspectiva, la experiencia misionera deja de entenderse como una acción unilateral para convertirse en un proceso de conversión mutua, donde quienes anuncian el Evangelio también son evangelizados por las realidades que encuentran.
El protagonismo de las mujeres
Lemos dedicó una parte significativa de su intervención a destacar el papel de las mujeres en la vida de la Iglesia amazónica.
“Las mujeres son el sujeto eclesial más potente de la Amazonía”, expresó.
Reconoció que son ellas quienes sostienen cotidianamente la fe, la espiritualidad, la memoria comunitaria, el cuidado de la vida y la resistencia de los pueblos. Asimismo, destacó el papel fundamental de las religiosas y de tantas mujeres laicas que mantienen vivas las comunidades en los lugares más remotos de la región.
En sintonía con la exhortación Dilexi Te, recordó que muchas mujeres viven situaciones de exclusión y pobreza que exigen una respuesta renovada de la Iglesia y una mayor valoración de sus ministerios y servicios.
Del Buen Samaritano a la mujer samaritana
Como clave interpretativa para comprender la misión hoy, Lemos propuso complementar la imagen tradicional del Buen Samaritano con la figura de la mujer samaritana.
Mientras el Buen Samaritano representa el cuidado, la atención y la solidaridad con quien sufre, la mujer samaritana recuerda la importancia de la escucha, el diálogo, el encuentro y la capacidad de anunciar la Buena Nueva.
“Hoy también necesitamos aprender de la mujer samaritana, que enseña a Jesús, dialoga con Él y se convierte en anunciadora de la Buena Noticia”, afirmó.
Esta mirada, explicó, ayuda a comprender una misión centrada más en las relaciones que en las estructuras, más en la presencia que en el protagonismo, más en la escucha que en la planificación.
Una Iglesia sin límites para el amor
En la parte final de su reflexión, el secretario ejecutivo de la CEAMA retomó una de las ideas centrales de la exhortación apostólica de León XIV: el amor cristiano como fundamento de toda acción misionera.
“El amor es, ante todo, un modo de concebir la vida y un modo de vivirla”, recordó citando el documento pontificio.
A partir de esta convicción, señaló que la Iglesia está llamada a vivir una misión marcada por el cuidado antes que la eficiencia, por la comunidad antes que las estructuras y por la reciprocidad antes que el control.
“La Iglesia que el mundo necesita hoy es una Iglesia que no pone límites al amor y que no busca enemigos a quienes combatir, sino hombres y mujeres a quienes amar”, concluyó.
Las reflexiones compartidas durante el foro evidencian cómo la experiencia amazónica continúa ofreciendo aportes significativos para la renovación misionera de la Iglesia universal, especialmente en un tiempo marcado por la sinodalidad, la ecología integral y la búsqueda de nuevas formas de presencia evangelizadora en las periferias del mundo.