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COP30: entre el silencio del poder y el clamor de los pueblos – Dário Bossi, MCCJ

En el marco de la Revista CLAR No. 1 de 2026, dedicada a “los nuevos rostros de la pobreza en América Latina y el Caribe”, el misionero comboniano Dário Bossi ofrece una lectura crítica y esperanzadora sobre la COP30, celebrada en Belém do Pará, en el corazón de la Amazonía brasileña.

El artículo denuncia con claridad una realidad preocupante: la incapacidad de los grandes espacios internacionales para escuchar el clamor de los pueblos y de la Tierra. A pesar de la gravedad de la crisis climática, la Conferencia volvió a estar marcada por los intereses de una economía extractivista que prioriza el capital por encima de la vida.

Como señala el autor, la COP30 evitó, una vez más, asumir compromisos concretos para abandonar los combustibles fósiles, mientras la influencia de corporaciones y lobistas condicionaba las decisiones globales. Esta “sordera institucional” contrasta con la fuerza de los pueblos indígenas y los movimientos populares, que levantaron su voz proclamando: “La respuesta somos nosotros”.

El texto subraya que la crisis climática no es solo ambiental, sino también espiritual, ética y política. En este sentido, retoma el llamado del Papa Francisco en Laudato Si’ y Laudate Deum, que invitan a una conversión ecológica integral y a reconocer que el deterioro del planeta está profundamente ligado a las desigualdades sociales.

Frente a este escenario, emerge una Iglesia que camina en doble dirección: desde abajo, acompañando a las comunidades en sus territorios; y desde arriba, incidiendo en los espacios de decisión con una voz profética de denuncia y propuesta. Esta presencia sinodal se expresó en la articulación de redes eclesiales, movimientos sociales y organizaciones internacionales comprometidas con la justicia climática.

Particular relevancia tuvo la participación de los pueblos indígenas, quienes no sólo denunciaron las falsas soluciones, sino que propusieron alternativas concretas desde sus territorios, reafirmando su papel como guardianes de la vida y de la Casa Común.

El artículo también destaca la importancia de una espiritualidad encarnada, capaz de sostener la esperanza en medio de la crisis. En diálogo con otras religiones, se subraya que la respuesta a los desafíos globales no puede ser sólo técnica o política, sino profundamente ética y espiritual.

Como horizonte de acción, Bossi propone cuatro caminos clave para la Vida Religiosa en América Latina y el Caribe: defender los territorios, promover economías alternativas, vivir la sobriedad como signo de libertad y actuar en red con una clara dimensión profética.

En un contexto de crisis climática y debilitamiento del multilateralismo, el artículo invita a reconocer que la transformación no vendrá únicamente desde las estructuras de poder, sino desde los pueblos organizados, las comunidades y las redes que, desde abajo, construyen alternativas de vida.

Desde la Amazonía, este llamado resuena con fuerza para toda la Iglesia: escuchar el clamor de la Tierra y de los pueblos, y asumir con valentía la misión de cuidar la Casa Común.

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